Reportaje

La danza de los días

Enero, después de tanto trajín, era un mes apacible y reposado, un mes de lentitudes y silencios - Nuestro tono vital era bajo y costaba lo suyo recuperar el ritmo cotidiano, pero gozábamos de aquella extraña quietud

 20:55  

Después de los excesos navideños, empezábamos el año ahítos y agotados. El día de Año Nuevo, por festivo, nos invitaba asimismo a la holganza, lo que hacía más temible la cuesta de enero. Y luego venía la fiesta de Reyes, que a los niños nos jugaba una mala pasada al traernos juguetes cuando ya no nos quedaba tiempo para jugar, el último día de las vacaciones. Tal vez por eso era una fiesta agridulce que empeoró cuando conocimos la impostura de sus majestades, que no eran reyes ni tampoco magos.

MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ Pero que fuéramos niños no significa que fuésemos tontos, de manera que, durante un tiempo, por miedo a que se nos acabaran los regalos, disimulamos nuestro amargo descubrimiento y les devolvimos el favor a nuestros padres: si ellos se habían esforzado tanto en crear en nosotros la ilusión de los Reyes, ¿quiénes éramos nosotros para destruirla? Mantuvimos su ilusión y así siguieron lloviendo regalos.

Enero, en cambio, después de tanto trajín, era un mes apacible y reposado, un mes de lentitudes y silencios. Nuestro tono vital era bajo y costaba lo suyo recuperar el ritmo cotidiano, pero gozábamos de aquella extraña quietud. Cabe suponer que en nosotros pesaban las lunas y las encalmadas que en aquellos días nos visitaban, ses minves de gener. Y es que enero era un mes especial, particularmente en la bahía. El mar bajaba de nivel, se alisaba como una lámina de metal y los muelles quedaban en una somnolienta y extasiada quietud que sólo se interrumpía cuando una barca cruzaba ingrávida el espejo del agua o cuando una gaviota bajaba rasante, atrapaba un pez y dejaba en la lámina líquida una mínima estela. Enero en los muelles era un mes de transparencias y deslumbramientos. Febrero era más anodino y pasaba como de puntillas. Su mayor alegría estaba en los almendros que nos anticipaban la primavera. Por aquel entonces el almendral de Corona estaba en el fin del mundo y nos conformábamos con los almendros que encontrábamos en el llano de Jesús y en el entorno del cementerio. Don Ernesto, maestro que nos preparaba para el examen de ingreso en el Instituto, nos advertía del milagro: ¡Han florecido los almendros! Y era cosa de magia: en una noche aparecían aquellas delicadísimas flores sobre las ramas grises, desnudas y secas.

Marzo llegaba malcarado, ventoso y desapacible, pero venía con los Carnavales que, sin embargo, recuerdo descafeinados y no eran ya las fiestas transgresoras que nuestros mayores recordaban. En los años cincuenta, imperaba la observancia de la norma, el respeto y un contexto represor y mojigato en el que, por más que se invitara a la parodia, nadie sacaba la cabeza. El estamento religioso tenía la sartén por el mango y la autoridad civil mantenía la gravedad mostrenca y gris de la posguerra que convirtió el Carnaval en una fiesta infantil de poca bulla y disfraces inocentes. Pero, eso sí, a los niños nos alegraba. Abril, a renglón seguido, era un mes que nos fastidiaba por contradictorio. Los días venían crecidos y la naturaleza explosionaba carnal y lujuriosa –cosa que alteraba la sangre– y, precisamente entonces, llegaba la Semana Santa, con los Ejercicios Espirituales, los tremendos sermones en Santo Domingo, los actos de contrición y las gregarias procesiones con vírgenes transidas y cristos lacerados. Afortunadamente, los niños celebrábamos la Semana Santa por las vacaciones. Y porque aquel eclesiástico teatro de matracas y nazarenos –con perdón– era para nosotros como un segundo carnaval.

Mayo era un mes tontorrón y almibarado, el mes del «venid y vamos todos», de las comuniones y de las flores que asomaban en los tiestos de todos los balcones. Nuestro mejor mes era junio porque marcaba el comienzo de un largo y festivo verano. Y el mejor día del año era el de San Juan, con su mágica señal de las hogueras que quemaban los muebles viejos y los malos humores. El verano se nos ofrecía interminable y era la resurrección, la plenitud y la inocencia. El verano era el Paraíso. Los días eran largos, espléndidos los soles y nada nos producía más alegría que cambiar los gabanes, los jerséis y las katiuskas por las sandalias y las mangas cortas. Y los calzoncillos por los taparrabos, pues el verano era el mar y los chapuzones en el Muro. Pero pasado julio y agosto, entrábamos con prevención en septiembre, un apéndice del verano que se nos iba como un soplo. ¡Qué rabia nos daba que el final de agosto se pareciera tanto a septiembre! Decrecía la luz, refrescaba y las primeras turbonadas despertaban en nosotros tormentas interiores. Las golondrinas desaparecían, caía un chaparrón y la lluvia nos llenaba de tristeza.

Era como pasar de vivir en color a vivir en blanco y negro. Teníamos que comprar los libros en Casa Verdera para el nuevo curso y ver cómo estaban las batas. Y al llegar octubre, pintaban bastos. Nuestro único consuelo, ya en noviembre, estaba en la fiesta de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Por los moniatos, las castañas asadas, los rojos rubíes de las granadas que, con muchísimo azúcar, nos zampábamos a cucharadas. Y también por la carne de membrillo. ¡Qué olor tenían los membrillos! Nuestra madre los dejaba unos días en los armarios y la ropa quedaba perfumada. Por lo demás, noviembre era un mes decadente, de árboles desnudos y atardeceres amarillos. Y con diciembre llegaba otra vez la Navidad, el frío y el Belén que montábamos con musgo, cartón y papel de plata. Y cantábamos aquella cancioncilla que, no sé por qué, a los mayores les gustaba tanto: «La Nochebuena se viene, / la Nochebuena se va, / y nosotros nos iremos / y no volveremos más». Visto hoy a vuelapluma, aquel ciclo anual de nuestra infancia es como un sueño porque en nada se parece al actual. Ahora vemos que lo que añoramos del pasado no es ´el pasado´ –que es tan bueno o tan malo como pueden serlo el presente o el mismo futuro–, lo que de verdad añoramos es nuestra niñez.

  HEMEROTECA

Formentera hoy

Momento en que la grúa desplazada desde Alicante sobre una pontona eleva el barco antes de transportarlo suspendido sobre el mar a una segunda pontona.

Rescate de ingeniería

El barco fue depositado después en una segunda pontona que fue remolcada hasta Denia

Alcaraz y la informadora del centro de Can Marroig.

Can Marroig solo abrirá dos días a la semana este verano

El centro de interpretación está dedicado al ecosistema litoral con especial atención sobre la...

Los grupos de ´ball pagés´ de Formentera en plena actuación en la plaza de la iglesia de Sant Ferran.

Sant Ferran mantiene su espíritu festivo gracias a la participación ciudadana

Los actos centrales se celebraron en la tarde de ayer con la misa, procesión, ´ball pagés´ y...

Inauguración del nuevo Club de Jubilados.

Inaugurado el programa ´gent 3.0´ para personas mayores en Formentera

El Club del Jubilado tiene ahora diez ordenadores, un equipo multifuncional y un proyector con...

El grupo The Droppas abre la verbena de Sant Ferran.

Los músicos locales animarán las fiestas de Sant Ferran sin cobrar

El departamento de Cultura del Consell asume la organización con un mínimo presupuesto

Anúnciate en Ibiza Nights
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  DIARIO DE IBIZA |  LOCALIZACIÓN     PUBLICIDAD:  TARIFAS |  CONTRATAR  
diariodeibiza.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de diariodeibiza.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
Los comentarios que se dirijan a diariodeibiza.es serán respetuosas con las personas y las instituciones. Diariodeibiza.es se reserva el derecho a publicarlos o resumirlos cuando se considere oportuno.


Aviso legal
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona | Diario de Mallorca | El Diari | Empordà | Faro de Vigo | Información | La Opinión A Coruña | La Opinión de Granada | La Opinión de Málaga | La Opinión de Murcia | La Opinión de Tenerife | La Opinión de Zamora | La Provincia | La Nueva España | Levante-EMV | Mallorca Zeitung | Regió 7 | Superdeporte | The Adelaide Review | 97.7 La Radio | Blog Mis-Recetas | Euroresidentes | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya