IBIZA | A. P.
El Consell Insular ha finalizado el anteproyecto de reordenación de la carretera de ses Salines y está pendiente ahora de contratar la redacción del proyecto constructivo de la primera fase. En total, los trabajos rondarán los veinte millones de euros, ya que además se construirán carriles para bicicletas y se soterrarán los tendidos eléctricos aéreos. «Es un proyecto que acometemos para cambiar el modelo de acceso a ses Salines y ordenar el tráfico en la zona. La carretera está perfectamente bien, por lo que no se llevarán a cabo obras en la misma, y estos trabajos supondrán una importante mejora ambiental», recalca el conseller insular de Medio Ambiente y Movilidad, Albert Prats.
El responsable de este departamento confirma que en el actual nivel de realización de los proyectos «será imposible tener las obras acabadas para el próximo verano», tal y como se ha insistido en anteriores ocasiones. «Es la primera vez que alguien se pone a trabajar en este sentido, ya que sin tener las competencias del Parque Natural, somos la primera administración que se preocupa de ordenar el tráfico y los aparcamientos en la zona», remarca Prats. En las obras de infraestructura se establecerán zonas de aparcamiento con el fin de evitar que «la gente deje los coches donde primero le convenga», remata el conseller.
Por otro lado, Prats anuncia que con respecto a las autovías, el Consell llevará a cabo el drenaje del tramo al aeropuerto después del acuerdo alcanzado con el Govern balear y también se incluirá un carril bici en la franja de dominio público de Sant Jordi, para poder acceder desde Vila a ses Salines con bicicleta. «También estudiaremos qué hacer con el paso elevado del cruce con Jesús para valorar si vale la pena derribarlo o mejorarlo con un coste reducido, ya que si se trata de mucho dinero no vale la pena hacer nada», remarca Prats.
Las autovías se quedan como están
El conseller recalca, asimismo, que ya se ha abandonado la idea de modificar o eliminar las autovías. «Es inasumible ya que el coste rondaría los 516 millones de euros y estaríamos 25 años para pagarlas y si ahora las cambiamos deberíamos volver a pagar una cifra similar y no es viable. Sería una acción irresponsable de utilización de recursos públicos. No podemos dedicarnos a tumbar lo que ya está hecho y volver a hacer otras carreteras. Así no avanzaríamos nunca», reflexiona el conseller.
Prats, que se presentó a las elecciones debido al movimiento surgido por la oposición a la construcción de las autovías, ahora se ve obligado, como conseller, a gestionar y mejorar las vías contra las que luchó. «Puede que parezca surrealista este hecho, pero creo que lo sería más dinamitarlas y abrir otras carreteras. Llegamos al gobierno del Consell cuando las autovías ya estaban hechas. Ojalá hubiéramos tenido tiempo de modificarlas, pero no fue así. Una vez construidas no se puede hacer nada; es inasumible», recalca Prats, quien añade que el actual modelo de carreteras que se plantea «es totalmente diferente y potencia el uso de autobús y la bicicleta».
Ampliaciones
El conseller asegura que la ampliación de las carreteras de Sant Joan y Sant Miquel «no tendrá nada que ver con el modelo de las autovías». Subraya que los carriles bici que deban abandonar el trazado de la vía y entren en zonas adyacentes «aprovecharán caminos existentes y no se asfaltarán» y recalcó que «el impacto será mínimo».
Por otra parte, Prats es partidario que establecer una declaración de servicio público para el transporte aéreo con la Península. «Esto tiene, no obstante, un peligro ya que pueden entrar compañías que no ofrezcan las suficientes garantías y se hagan con el mercado. Puede quedar en manos de ciertas empresas, pero, a pesar de todo, estamos en ello y estudiamos esta posibilidad, aunque el Gobierno central no acaba de estar totalmente de acuerdo».
El precio elevado de los pasajes aéreos en determinadas líneas es también uno de los problemas a los que exigen soluciones los empresarios del sector turístico. «Hablamos mucho con las compañías aéreas y reivindicamos lo que necesitamos, pero es verdad que hay rutas con precios muy elevados, como la de Valencia. Pretendemos tener los mejores precios y más frecuencias, pero todo esto es difícil porque es un mercado liberalizado, salvo que existiera el servicio público», remarca el conseller.