IBIZA | MARTA TORRES
El pollo era una de las estrellas de las compras navideñas en el Mercat Nou de Vila. Seguido muy de cerca por los congelados. Aunque nadie ha querido quedarse con las ganas de una buena cena y comida de Navidad, quien más quien menos ha buscado la manera de darse un homenaje (y hasta un capricho) sin que el bolsillo lo note mucho. Carmen sonríe frente a un puesto de pescado. Ha encontrado lo que quiere, unas gambas grandes, rojas y frescas que están rebajadas por feas, con perdón. «Son las mismas que ésas [señala unas marcadas a 59 euros el kilo], sólo que tienen los bigotes, las antenas y la cola mordidas por los cangrejos, así que me salen a menos de 40 euros el kilo», afirma orgullosa.
La mayoría de los puestos del mercado no daban abasto para atender a la clientela. Los que llegaban tarde acababan echando espumarajos por la boca después de dejarse medio depósito del coche buscando un aparcamiento. A pesar del trabajo, los comerciantes temen que la caja, cuando hoy cierren sus establecimientos, será menor que otros años. «La gente compra menos cantidad o cambia un poco la tradición. En vez de pierna de cordero se pasan al pollo, los solomillos salen menos y te ponen más pegas cuando algo que te han encargado se pasa un poco del peso que te habían pedido», confiesa un carnicero mientras pone en marcha la picadora de carne. Los que no han querido renunciar a nada han tenido que reservarlo con antelación. Foies, magrets y confits eran imposibles de encontrar ayer en las neveras del mercado. «Si no lo encargaste no tengo. No me podía arriesgar a perderlos», es la respuesta de varios vendedores.
Los grandes beneficiados de la segunda Nochebuena de la crisis son los puestos de congelados. Esta noche habrá mucho cóctel de gambitas (que no de gambas) con el que llenar el estómago antes del segundo plato. «Este año, gambas y vieiras congeladas que son más baratas», comenta Adela. Ella y su marido Gabriel acaban de comprar una caja con cuatro docenas de crustáceos adornados con estalactitas y estalagmitas. «Otros años se llevaban los congelados por si faltaba comida. Este año los congelados son la comida», afirma una dependienta a la que le faltan manos para atender a toda la gente que tiene delante.
Los pescaderos tampoco viven su mejor Navidad. «Hay de todo. Gente que mira más el tamaño de las piezas que se lleva y a la que no le importa que el pescado sea un poco pequeño porque pondrán más patatas y gente que durante unos días se olvida de la crisis y compra igual que todos los años», comenta Ángela. Unos pasos más adelante, algunos vendedores confiesan que han encargado menos ostras que en otras ocasiones. «Igual la mañana de Nochebuena la gente viene a comprarlas como cada año. Son clientes muy fieles. El que está acostumbrado a tomarse media docena de ostras esa noche no creo que renuncie a ese placer, pero no lo sé», explican en un puesto de pescado del Mercat Nou. Ellos no son los únicos que dudan. La mañana del 24 es una incógnita para todos los vendedores. «Igual no pasa nada, pero igual la gente se levanta con ganas de celebrar la Navidad como si no hubiera crisis», reflexiona tranquilo José en un puesto de carnes.