VÍCTOR BALCELLS MATAS
Banquete de Navidad
¿Cómo se llamaban los invitados? preguntó Scarpa. Ella lo miró. Luego señaló uno de los platos y dijo: allí debía sentarse Jean. Y se quedó así, con el dedo extendido sobre las velas; resultaba macabro. Pablo Scarpa se levantó de su sitio y se sentó en el sitio de Jean. Bebió un trago de su copa y dijo: Hola, soy Jean, acabo de llegar, señora Leopardi, lamento el retraso, había un atasco. Ella, perpleja, miró a Scarpa; se llevó la mano al mentón y sonrió. Por favor, Jean, llámame Lis, tampoco soy tan vieja. Scarpa dijo, oh, Lis, qué hermosa que estás hoy, ¿Qué has hecho para cenar? La señora Leopardi se rió y dijo: siempre pensando en comer. No te voy a servir hasta que no lleguen Paul y Sartre. Señaló otros dos asientos vacíos. Pablo Scarpa se movió hasta el asiento de Paul. Aquí estoy, Lis, ¿sabes qué? anoche estabas en mi sueño: íbamos a los Alpes y éramos niños, cómo pasa el tiempo. Te veo muy bien, Paul, dijo ella, ¿aún corres por las mañanas? ¡Claro!, dijo Scarpa, mientras me lo permitan las piernas, correré. ¿Dónde está Sartre? preguntó Lis Leopardi. Scarpa se puso en el sitio de Sartre. ¡Por favor! Esta mañana se ha hundido la bolsa, ¿Qué voy a hacer con mi vida, Lis? ¡Estoy arruinado! Pablo, creciéndose en el papel, hizo ver que miraba su reloj de pulsera, suspiró y se hundió en el asiento. Sartre, dijo la señora Leopardi poniendo la mano sobre el brazo de Scarpa, la bolsa siempre sube y baja, pero tú haz el favor de sentarte bien, arriba. Mi querida Marguerite, dijo después mirando otro sitio vacío, por fin has llegado. Pablo Scarpa sintió un escalofrío.
Después se sentó en el sitio de Marguerite, se tocó el pelo y encendió un cigarrillo. Lis, los hombres nunca aprenderán, dijo Scarpa con voz de mujer. ¿Desde cuando fumas? preguntó la señora Leopardi. Scarpa miró el cigarrillo y después sus uñas. Pues no sé, dijo, me he aficionado a los cigarrillos mentolados. La señora Leopardi se rió, o quizá lloraba. Eres una pija, Marguerite, dijo, nunca aprenderás. ¿Y tú, Carolina?, dijo mirando a otro sitio vacío, has llegado un poco tarde... Scarpa se puso en el sitio de Carolina. Ay, Lis, mira que eres quisquillosa, dijo con voz chillona Scarpa, me quedé dormida en casa mientras leía a Aristóteles. ¿Aristóteles?, preguntó la señora Leopardi. Sí, sí, dijo Scarpa, como lo ves Lis, la belleza está en la totalidad del cuerpo desnudo, ¿Qué opinas Marguerite? Scarpa se movió al sitio de Marguerite y se contestó a sí mismo: Claro, claro, Carolina, tú siempre tan filosófica, el cuerpo desnudo y bla bla bla. Scarpa volvió al sitio de Carolina. Cuando veas un cuerpo desnudo lo comprenderás, dijo, y luego hizo un aspaviento y añadió: no soporto tu cigarrillo mentolado. La señora Leopardi se lo pasaba bien mirando aquella escenificación. Pablo Scarpa se sentó en el sitio de Paul y habló con voz ronca: y dígame, señor Scarpa, ¿a qué se dedica usted? Pablo volvió a su sitio y dijo, bueno... yo soy biógrafo. Amigos, ahora que estamos todos, ¿No sería prudente que empezáramos a comer? preguntó la señora Leopardi a los comensales. Scarpa se puso en el sitio de Jean. Oh, sí, por favor, Lis, ¡Estoy muerto de hambre! cogió un tenedor y lo enarboló arriba. Luego se movió al sitio de Marguerite y dijo, mirando al sitio de Jean: ¡Grosero! Calma, dijo la señora Leopardi, no os peleéis, enseguida traigo el primer plato: Beignets de fleurs de courgettes. ¡Oh, magnífico! exclamó Scarpa, y realmente sonó como si lo hubieran dicho seis personas a la vez. Y así fue. De pronto estaban todos en la mesa y nadie había olvidado pasar la nochebuena con la señora Leopardi. Ella reía, las velas vibraban por el vocerío, aunque en realidad fuera una corriente de aire, aunque todo fuera una farsa: las velas vibraban por el vocerío. En el lago, de noche, los amigos se bañan. Cada uno nada cerca del otro, pero apenas puede ver nada. El agua es negra, las voces de los demás llegan lejanas, el chapoteo; uno comprende lo solo que se está allí y en todas partes. Hay que ir con cuidado: según dicen, por las noches es cuando los monstruos salen a cazar.