IBIZA | N. G. G.
Alrededor de medio centenar de internos del centro penitenciario de Ibiza se animaron ayer a disfrutar del concierto de rock and roll que ofreció por el grupo ibicenco Arma Sonora con motivo de la celebración de las fiestas navideñas. Todos permanecían sentados en sus sillas aunque la música, que sonaba a todo volumen e incluso hacía retumbar las paredes –varias personas comentaban el gran eco que había en la sala–, animaba a bailar de un modo desenfrenado.
Frente a varias personas prácticamente impasibles, algunos de los asistentes eran incapaces de mantenerse quietos: los más tranquilos sólo seguían el ritmo con sus pies, mientras que los que más parecían disfrutar se atrevían incluso a imitar al batería del grupo, Vicente Clemente. «Sois un buen público», aseguraba la voz de la banda, Jordi Martínez, poco antes de introducir una de sus canciones, ´Tribal´, y desear al público que disfrutara con ella. A ésta le seguiría ´Fuego´ y así hasta repasar su repertorio que, según la banda, tiene «sonido rock and roll contundente, toques de grunge, funky, metal, southern rock y rock clásico y melodías».
Los aplausos y algún grito ahogado era la respuesta que ofrecían entre cada canción los internos que copaban el salón que acogió el concierto, presumiblemente agradecidos de este momento de diversión. No obstante, no todos los presos del centro quisieron participar de la fiesta. «Esto está abierto a los que quieran salir, de cualquier módulo, a no ser que haya alguna incompatibilidad», explicaron fuentes de la prisión.
Pero por si este tipo de música no es del agrado de todos, los internos tienen opciones donde elegir de acuerdo con el programa de actos preparados para esta semana y que dio comienzo el lunes. En esa jornada, la cárcel acogió los ritmos latinos de otro grupo, mientras que el viernes habrá una nueva actuación que no fue concretada.
Además, junto a estas actividades, hoy está previsto que se lleve a cabo una representación teatral a cargo de la Escuela de Clowns y mañana, día de Nochebuena se celebrará una misa con la participación de la pastoral penitenciaria. A todo ello, se sumarán las comidas especiales con las que se conmemorarán las fiestas más señaladas.
Todo ello para que, pese a la dureza de vivir en la cárcel, la Navidad no pase desapercibida para los internos. Y para tenerla bien presente, de una de las paredes de las dependencias cuelga, como cada año, el tradicional belén –o nacimiento, pues son tan sólo las imágenes de María, José y el niño Jesús acompañados de dos ángeles– elaborado por los propios internos.