IBIZA | LAURA FERRER ARAMBARRI
La mañana de ayer fue de emociones para los mayores que acuden al centro de día de Cas Serres y también para los que residen en el complejo de la Policlínica Nuestra Señora del Rosario. Estos últimos disfrutaron de la actuación de los pequeños de la guardería Sacapuntas, que hicieron una representación del belén y cantaron villancicos con tanta gracia que los mayores no sólo rieron sino que algunos lloraron emocionados.
Las profesoras de la escuela confeccionaron atuendos de estrella de Belén, María, José, pastores y ángeles con todo detalle, pero lo más sorprendente fue lo bien que se portaron los pequeños, que siguieron el guión a la perfección sin rabietas ni lloros. Hasta el niño Jesús, un bebé de pocos meses, agitaba la pandereta en su cuna como si tal cosa. La estrella de Belén arrastró la cola dorada de su disfraz hasta el portal, situándose junto al ángel anunciador que no paraba de menear las caderas al son de ´El tamborilero´. «Han faltado la burra y el buey», explicaba la directora del centro, Isabel Romero, mientras los padres de los pequeños no paraban de tomar fotos y grabar en vídeo la actuación.
Romero explicaba que el espectáculo refleja también el trabajo de psicomotricidad y musicoterapia que han hecho con los pequeños, un total de 21, que acuden a la guardería. «Nos encanta hacer estas actividades con los mayores y ya hemos propuesto a los responsables de la residencia venir en otras fiestas, cada dos o tres meses, con algún espectáculo, porque ver las sonrisas de estas personas no tiene precio», remarcaba la responsable.
Cas Serres
Mientras en la residencia continuaba el espectáculo de los pequeños, en el centro de día de Cas Serres los usuarios celebraban la Navidad con agradecimientos a los voluntarios del centro y el reparto de las piezas de cerámica que han elaborado en los últimos meses. «Un aplauso para Lupe, que viene cada jueves como voluntaria», exclamaba una de las enfermeras, mientras, de fondo, se escuchaba a una de las usuarias gritando: «Y yo qué, yo también quiero aplausos».
Mari Carmen Ortega, una de las enfermeras, le preguntó a Pino, una de las usuarias, si había comido dulce esta mañana. «No», respondió rotunda, cuando la realidad es que se había atiborrado. «Es que no se acuerda», dice la profesional. «Han trabajado muchísimo para confeccionar las piezas de barro, hay algunas que son realmente preciosas», asegura Ortega señalando una mesa repleta de trabajos. «El resultado que vemos –explicaba a los presentes– es fruto del esfuerzo, la imaginación y la suerte». Esto último porque las piezas han sido cocidas en horno y algunas no sobrevivieron a la experiencia y estallaron o se rompieron. Catalina Escandell se lleva su cuenco, Miguel ha moldeado la puerta de su casa en Can Covas, Sabina ha hecho un cuenco y un caja de madera decorada, Ana Cárdenas un brillante cuenco rojo, Catalina Juan otro cuenco y un joyero, María Jesús un recipiente y Pino una caja de la que no se acuerda muy bien. «¿Esto qué lleva dentro?», pregunta. «Chocolate», le dice la enfermera. «Pues que le den a todas», responde Pino, en un ataque de generosidad.
«Son unos 25 usuarios, la mayor parte mujeres, sólo tenemos tres hombres», explica Ortega, que añade que este año han tenido suerte porque una compañera que hace un curso de alfarería ha podido cocer las piezas, con lo que el resultado es mucho mejor.
Margarita Ferrer, coordinadora de los centros de Cas Serres y Can Blai y Técnica del Departamento de Política Social y Sanitaria del Consell, asegura que el resultado de las actividades en ambas instalaciones «no ha podido ser mejor».