IBIZA / MARTA TORRES
María y José son, en realidad, dos maniquíes. Hasta hace unas semanas José lucía un vestido Adlib en la tienda de Isabel. María, en cambio, sólo ha variado de ropa y postura. «Está aquí todo el año», explica Isabel señalando el patio de la finca de Dalt Vila en la que vive. «Es la Abuela, como la llamamos nosotros. Normalmente está de espaldas a la reja, vestida de payesa, como si estuviera cosiendo», detalla. «Es un recuerdo de una leyenda que habla de una costurera de la ciudad antigua que cosía para los nobles», apunta su marido, Jesús, que asegura entre risas que la figura parece tan real que son muchos los que la llaman al pasar por la calle Major para preguntarle cuánto falta para la catedral o dónde están los baños públicos.
La primera vez que montaron este belén a la vista de todos fue el año 2002. «En 2000, un año después de la concesión del Patrimonio de la Humanidad, abrimos el patio a la calle y montábamos el belén en la mesa, pero era pequeño y siempre pensaba que quería montar algo más grande. Así que dos años después empezamos a poner éste», explica Isabel. El niño Jesús es un muñeco pepón negro que le regalaron sus hijos y que se llama Arjuna. «Yo tenía uno de pequeña y siempre hablaba de él, así que cuando lo encontraron, me lo regalaron. Le pusimos Arjuna porque cuando estaba embarazada de mi hijo pequeño era el nombre que le quería poner», explica. «Pero lo boicoteamos. Twinky y Necer ya son raros, pero Arjuna…», comenta su hija Twinky. El muñeco no es el único que ha ocupado el puesto del Niño Jesús. La familia no ha podido evitar la tentación de poner a Darío, nieto de Jesús e Isabel, en el belén y hacerle unas fotos.
Las tres figuras están vestidas con ropa y telas que tienen en casa. La capa de terciopelo rojo de la Virgen es una vieja cortina, lo mismo que la falda, violeta y con dalias del mismo color en terciopelo, que es una cortina que no les acabó de convencer porque era demasiado oscura. La ropita blanca con puntillas del niño Jesús es la que le hizo Isabel a Necer cuando era un bebé y San José lleva una sábana de raso y sobre las espaldas una capa de terciopelo ocre que también confeccionó ella misma para disfrazarse en la feria medieval del pasado mes de mayo. «La barba es la cola que lleva el resto del año la payesa que cose», apunta Jesús.
El sillón en el que se sienta la Virgen María es una pieza que les regaló Daniel, un vecino, mientras que la cuna en la que otros años dormía el niño era el columpio de los hijos de Isabel y Jesús. El portal blanco que les enmarca es un dosel que les regalaron en La Torre del Canónigo, el hotel que queda justo frente a la puerta de su casa. Este año no han puesto el gallo y la gallina que solían acompañar a las figuras en otras navidades porque les han robado una de las fáunicas piezas que les regaló para el belén otro vecino, Madrigal.
Precisamente «más bichos» es lo que les gustaría añadir en los próximos años al nacimiento, aunque no lo tienen muy claro. «Nos encantaría poder tener un buey y una mula. El problema no es conseguirlos, sino que como tienen que ser de tamaño real, ¿dónde los guardas el resto del año?», se preguntan estos vecinos mirando este belén que se ha convertido en una tradición familiar y, este año, en el único adorno navideño de la zona alta de la ciudad amurallada.