IBIZA | RAÚL SÁNCHEZ
Nadie sabe la fecha exacta del milagro, pero desde que el 8 de diciembre de 1765 se inauguró el santuario de la Virgen de Caacupé cada año millones de paraguayos celebran a lo grande su fiesta nacional. Y en Ibiza no podía ser menos. Hasta hace unos años residían en la isla más de mil inmigrantes venidos de Paraguay, pero ahora, debido a la crisis, apenas quedan 600, según explicó, vestido con su traje de gala, Tomás Álvarez, organizador y máximo responsable de las celebraciones de ayer, que tuvieron su momento cumbre en la misa concelebrada por el obispo de Ibiza, Vicente Juan Segura, en la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Vila.
«Los paraguayos somos laboriosos, nos integramos bien en la isla y somos sobre todo gente de iglesia», explicó Álvarez a la salida de la ceremonia, que duró algo más de una hora. La parroquia estaba abarrotada, no cabía una persona más. El coro Nuestra Señora del Rosario, integrado por paraguayos, acompañó los oficios habituales con cánticos en honor a la Virgen de Caacupé: ´Tu pueblo´, ´El perdón´ y ´La consagración´, los tres en guaraní, idioma oficial en Paraguay junto al castellano.
Otra característica diferente a una misa tradicional española es la animación que hay en la iglesia. En varios momentos de la celebración los fieles agitaron sus pañuelos blancos, una especie de saludo a su patrona, según explicó Álvarez.
En realidad la fiesta es el 8 de diciembre, pero los paraguayos residentes en Ibiza decidieron trasladarla a ayer puesto que mañana muchos trabajan. En Paraguay se espera que más de un millón de personas honren mañana a su patrona en las iglesias, y la celebración llegará a muchos lugares del mundo, puesto que este país del cono sur americano tiene un importante número de emigrantes.
Después de la misa, la procesión con la imagen de la Virgen discurrió por la manzana alrededor de la parroquia del Rosario, en un recorrido que duró alrededor de 15 minutos.
También había españoles y filipinos
La fiesta siguió con los bailes populares paraguayos. El folclore corrió sólo a cargo de las mujeres, puesto que este año «los hombres no se han animado», según comentó Álvarez. Ataviadas con los coloridos trajes tradicionales bailaron el ´Pájaro campana´, el ´Pájaro soguy´ y la ´Galopera´, entre otros, para regocijo de los cientos de paraguayos concentrados en la iglesia. En la celebración también hubo españoles y filipinos, otra comunidad muy religiosa.
La fiesta concluyó con una torrada en el local anexo a la iglesia. Aparte de carne, los paraguayos saborearon otros platos típicos de su país, como la sopa de chipa, con maíz, huevos y leche, acompañada por los clásicos panecillos.
En el pueblo de Caacupé (Ka´a Kupe en guaraní, que significa detrás del monte) había un nativo que se había perfeccionado en la escultura. Este se internó en la selva a buscar madera para su trabajo. Escuchó unos ruidos y vio que se encontraba ante unos nativos de la tribu Mbaya, muy peligrosos. Estaba acorralado. Se acordó de la ´virgencita´ y, postrándose, le encomendó su vida, y le prometió que esculpiría su imagen si lograba salvarlo.
Ocurrió un milagro. Cuenta la tradición que el escultor se hizo invisible por una gracia de la Virgen. Inmediatamente el artista cumplió su promesa, y la Virgen de Caacupé se convirtió en la más venerada y visitada en Paraguay.
El nativo se volvió invisible
Un nativo escapaba de los Mbaya, una tribu muy peligrosa. Cuando estaba acorralado se acordó de la ´virgencita´, que le volvió invisible, según el milagro. El artista esculpió una talla de la Virgen de Caacupé, que ahora es la patrona de Paraguay.
´El pájaro soguy´
Los bailes estuvieron protagonizados sólo por mujeres, que danzaron al ritmo de ´El pájaro campana´, ´El pájaro soguy´ y ´La galopera´, para deleite de los cientos de asistentes a la iglesia del Rosario, sobre todo paraguayos, filipinos y algún español.