IBIZA | MARTA TORRES
«Cuando abrimos no existía. No nos hemos tenido que plantear nunca si ponerlo o quitarlo», comenta Isabel, directora del colegio Can Cantó. El centro se inauguró hace casi 20 años y en ese momento nadie pensó en un aula presidida por un crucifijo de madera y la foto del Rey. En Cas Serres, los profesores, incluso los que llevan más años, no recuerdan que en las paredes de las clases hayan colgado más cruces que las del signo de la suma de los ejercicios realizados en la pizarra. La directora de Portal Nou, Paulina, asegura que desconoce si en alguna de las aulas del centro hay alguno de estos símbolos. «De verdad que no sé si tenemos alguno no, no me he fijado», repite en varias ocasiones.
En la mayoría de los centros de la isla el debate suscitado por la proposición no de ley aprobada por la comisión de educación del Congreso que pretende eliminar de las aulas de los colegios públicos toda referencia a alguna religión no ha ocasionado discusión alguna. A casi todos los profesores lo del crucifijo sobre la pizarra les recuerda a las lecciones de su infancia. Para los docentes más jóvenes, la referencia más cercana de unas clases con símbolo religioso son las que se ven en ´Cuéntame´. Algunos de los docentes explican que hace más de diez años que los inspectores de educación les pidieron que retiraran los crucifijos, algo que hicieron sin que ello les supusiera ningún conflicto. Otros ponen en duda la respuesta de algunos de sus compañeros y desconfían de que algunos centros no tengan cruces colgadas en las aulas.
En Buscastell y Can Coix nadie recuerda tampoco ninguno y la directora del colegio Cervantes, en Sant Antoni, asegura que cuando lo construyeron, el crucifijo no estaba incluido en el material que envió la conselleria de Educación. «Y nunca hemos tenido intención alguna de hacer agujeros en la pared para colocarlo. Eso cada uno lo lleva en el corazón», comenta. De hecho, por no hacer agujeros confiesa que ni siquiera han llegado a colocar las fotos de los Reyes de España, otro símbolo indisociable de las escuelas de la democracia.
En la misma situación están en el colegio Sa Graduada de Vila. Maria, la directora, explica que en el edificio antiguo sí quedaban algunos, pero que en el nuevo no. «Y no tenemos alcayatas para colgarlos», comenta con una carcajada. Eso sí, lo de las fotos del Rey que están guardadas en el almacén, asegura que no es por cuestión de ideología o de falta de alcayatas o agujeros en las paredes del colegio, sino porque están esperando que les envíen «alguna imagen más moderna», porque en las que tienen «la verdad es que sale muy, muy jovencito». «No hemos tenido nunca en las clases ni crucifijos ni la foto del Rey», afirma la directora de Sa Blanca Dona un poco sorprendida por la pregunta.
Vistas al campanario
A pesar de los muchos años que tiene el edificio del colegio Vara de Rey, de Sant Antoni, no conserva ninguna cruz y en Sant Mateu la directora, que asegura que lleva allí veinte años, afirma con rotundidad que no ha visto ninguno, ni siquiera cuando llegó. Lo mismo ocurre en Sant Rafel, donde a los más antiguos del lugar (que llevan allí desde finales de los 80) les parecería más extraño ver un crucifijo colgado en las aulas que a un alumno que no hable nunca en clase.
En el colegio de Santa Agnès confiesan que hace un par de años aprovecharon una «limpieza a fondo» en las instalaciones para eliminar las «reliquias» que había en las aulas. Lo que desconocen es si entre el material antiguo que no volvió a recuperar su espacio había alguna cruz. «Ahora no tenemos ni una colgadao, lo que no sé es si antes de la limpieza había alguna», confiesa una profesora.
«No tenemos ningún crucifijo, que yo sepa», afirma la directora de S´Olivera, comentario muy similar al de una profesora de Sant Carles que, después de repasar mentalmente todas las aulas del colegio resuelve: «No hay ninguno, que yo recuerde ahora». El director del colegio Puig d´en Valls, Ildefons, llega a la misma conclusión tras pensar en el frontal de todas y cada una de las clases del centro que dirige desde hace años. «No, no, no, no», contesta con rotundidad Eva, la secretaria del colegio Vénda d´Arabí. En la misma situación están en el colegio Labritja, en el Torres de Balàfia y en el Balansat. Claro, que a ninguno de los tres les queda muy lejos un enorme símbolo religioso: la iglesia del pueblo, que incluso puede verse desde varias de las ventanas de los centros compartiendo las vistas con el campo y hasta alguna oveja a la sombra de un algarrobo.