FORMENTERA | CARMELO CONVALIA
Adriana Ignatescu, de nacionalidad ucraniana y rumana, junto a su hija de dos años y medio, natural de Formentera y ambas residentes en la isla, sufrieron el pasado día 14 noviembre un desagradable episodio que se tradujo en su detención irregular en el aeropuerto internacional de Borispol, de Kiev (Ucrania). Madre e hija regresaban a Barcelona, tras haber visitado a su familia, pero el incidente que vivieron les impidió regresar a la isla hasta el 18 de noviembre.
La Policía del citado aeropuerto las interceptó en el control de salida y acusó a la madre de estar en posesión de un pasaporte rumano falso, al igual que su hija con pasaporte español, que consideraron también ilegal. Sin embargo, tal y como demostraron los servicios consulares de la embajada de España y de la embajada de Rumania en Kiev a las autoridades ucranianas, ambos documentos eran perfectamente legales y estaban en regla.
Durante las cerca de 12 horas que estuvieron detenidas pasaron por diversas dependencias policiales hasta llegar al calabozo. La menor y su madre soportaron duras condiciones, ya que no se les facilitó ningún alimento durante varias horas y cuando consiguieron unos bocadillos los tuvieron que pagar de su bolsillo. Adriana Ignatescu también tuvo que aguantar la incertidumbre y la presión psicológica de la Policía, ingeniándoselas para entretener a su hija, que no entendía nada, y en una situación de total indefensión legal.
Para colmo, el pasaporte español de la niña fue roto, presuntamente por la Policía, y las hojas quedaron separadas de la cubierta. El documento de la madre no le fue devuelto. En el primer caso la embajada española emitió un nuevo pasaporte a la niña y en el segundo, la embajada rumana firmó un salvoconducto a la madre para que pudiera viajar.
Un momento angustioso
El peor momento que recuerda Adriana fue cuando le tomaron las huellas digitales, le anunciaron que estaba detenida y le comunicaron que los servicios sociales se llevarían a la niña, a lo que se negó rotundamente. La intervención de los servicios consulares de la embajada española fue determinante en este sentido, ya que no se podía separar a la niña de la madre sin una orden judicial.
El incidente terminó felizmente sobre las 3 horas de la madrugada del día 15 de noviembre, después de varias horas de mediación del secretario de la embajada de España en Kiev y encargado de asuntos consulares, Antonio Ramos; el subinspector de la embajada, Emiliano Pérez Ropero, y el cónsul rumano en la capital ucraniana, Forin Moldovan. El policía español pudo comprobar y certificar la autenticidad de los documentos ante las autoridades ucranianas, lo mismo que hizo el representante rumano.
La embajada Española en Ucrania ha solicitado formalmente una aclaración al Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania para conocer las circunstancias que rodearon la detención y las condiciones en las que estuvieron retenidas la menor y su madre. Fuentes diplomáticas indicaron que la postura de la embajada es siempre «de colaboración con las autoridades ucranianas y que su objetivo es evitar que se repitan este tipo de situaciones».
Adriana relató el episodio a este periódico en su casa de Formentera, junto a su marido, Vicent Tur, que desde la isla movió todo el entramado diplomático tras recibir la primera llamada de su mujer relatándole la situación. Ella lamenta especialmente que en su país natal, Ucrania, se produzcan estos hechos y dice que se queda «con una sensación muy amarga sobre todo por lo mal que lo pasó la niña durante tantas horas».
La pesadilla terminó cuando salieron en libertad, aunque tuvo que esperar cinco días, alojada en un hotel, hasta que las autoridades diplomáticas emitieron un nuevo pasaporte a la niña y su salvoconducto. Adriana relata que la Policía del aeropuerto estaba «empeñada» en que los documentos eran falsos y que la primera y casi única pregunta que le repitieron hasta la saciedad fue: «¿Cuánto has pagado por los dos pasaportes?», a lo que ella contestaba: «Las tasas oficiales correspondientes».