NIEVES GARCÍA GÁLVEZ
Una mujer que estaba embarazada y que al finalizar la gestación perdió a su bebé tras sufrir un desprendimiento de placenta y rotura de útero mientras espera a ser atendida en el hospital Can Misses ha presentado una denuncia por una presunta negligencia médica.
El escrito, remitido al Juzgado de Instrucción número 2 el pasado día 23 y al que ha tenido acceso este diario, señala que «ni la matrona ni el médico especialista de guardia atendieron las especiales circunstancias que concurrían» en el caso de la denunciante y esto desembocó en un «final trágico».
Fuentes del Ib-Salut consultadas ayer indicaron que era «muy complicado» en ese momento buscar y acceder al historial en cuestión para ofrecer su versión de lo ocurrido, al tiempo que señalaron que si había un procedimiento judicial por medio, no se suele dar información alguna sobre el caso.
Los hechos ocurrieron el pasado 1 de octubre. Según consta en la denuncia, la mujer, de nacionalidad argelina y embarazada por tercera vez, entró a las 7,58 horas en el servicio de Urgencias del hospital tras tener contracciones durante toda la noche.
La paciente ya había pasado la semana 39 de gestación (39 semanas más tres días) y su embarazado había llegado prácticamente a término, pues además se había apuntado al día 5 de octubre como posible fecha de parto.
Se daba la circunstancia de que en los dos partos anteriores la mujer necesitó sendas cesáreas y que en el primero de ellos, además, sufrió una complicación al diagnosticársele una patología de placenta previa. Por ello, según la denuncia, «se aconsejaba que el parto se produjera cuanto antes y por cesárea, a tenor de los antecedentes y el historial médico de la paciente».
Tras su ingreso en el hospital Can Misses, continúa el texto, la paciente sufrió «terribles dolores seguidos con sensación de rotura de órganos internos» que acabaron en una hemorragia. Al parecer, la comadrona que estaba de guardia supuestamente «no le dio la más mínima importancia» a la situación pese a «las quejas» de la mujer y a los «gritos que profería».
Más tarde «se exigió a la parturienta que se levantara por su propio pie para realizarle la ecografía y la monitorización». Ella debió esperar de pie y no sentada «pese a sus continuas quejas de dolor insoportable, con sensación de desgarro en su abdomen, y no comprendiendo el motivo del porqué no se la ingresaba de inmediato para practicarle la cesárea», describe el escrito de denuncia, que añade que el médico especialista «no examinó en ningún momento a la paciente pese a la situación de riesgo vital que estaban viviendo tanto la madre como el nonato».
Cuando se decidió finalmente su intervención, se comprobó que la mujer sufrió una rotura uterina total y que se le desprendió la placenta, lo que dejó al feto libre en el abdomen. «La niña murió», comentó el abogado de la denunciante, Juan Ormazábal, pues al nacer no tenía latido cardíaco y no respondió a la reanimación.
Horas y decisiones médicas
La denuncia presentada recoge que existen contradicciones entre el registro de horas y decisiones médicas que se recogen en las hojas del historial. Así, hay incongruencias en cuanto a la hora en que se avisa al médico de guardia –incluso antes de la hora de ingreso– y en la hora a la que se decide hacer la cesárea –con hasta dos horas de diferencia–.