IBIZA | L. F. A.
El Hotel Pachá acoge desde hoy una exposición de fotografías de la expedición a Groenlandia del aventurero y fotógrafo Carlos Caraglia. Las imágenes muestran impresionantes glaciares y detalles de los paisajes de la zona pero sobre todo hacen hincapié en el deshielo que está causando el calentamiento global. La expedición ha sido patrocinada por Pachá, que también se ha embarcado en la siguiente aventura de Caraglia: una ruta por la Antártida desde Chile a Nueva Zelanda en velero para fotografiar y grabar en vídeo toda la zona. «El objetivo es conseguir un banco de imágenes poderoso», explica el fotógrafo, convencido de que «la belleza de los parajes conmueve a las personas». El velero, que zarpa el 4 de diciembre, le permitirá llegar a zonas donde es imposible hacerlo de otro modo. El objetivo es que las imágenes resultantes de la expedición se puedan exponer en todo el mundo.
Caraglia cree que «debe ser la sociedad la que tome conciencia y presione sobre la importancia de la reducción de las emisiones de CO2 a la atmósfera» y, en este sentido, remarca que el cambio de actitud del presidente estadounidense Barack Obama «se ha debido a la gran presión social que se ha creado a raíz de la falta de un compromiso sobre la reducción de contaminantes». «Es muy difícil asumir compromisos en este sentido porque el crecimiento económico está relacionado con la producción de agentes contaminantes, sólo la sociedad puede presionar de verdad», explica el fotógrafo.
La presentación de la muestra de Caraglia contó con el experto en expediciones polares José Naranjo, que explicó que el proyecto «ha sido posible gracias a la suma de voluntades» en las que él ha aportado su experiencia de veinte años trabajando en logística y seguridad de este tipo de viajes. La primera vez que visitó el Ártico fue en 1989 y desde entonces ha hecho centenares de viajes y expediciones a los dos polos, a Siberia y Canadá, además de haber participado en programas como ´Al filo de lo imposible´.
Naranjo explica, evidentemente preocupado, cómo en 2005 volvió a una zona de Groenlandia que había visitado cuatro años antes y pudo comprobar in situ que donde antes había un glaciar de dos kilómetros de largo y 200 metros de alto se podía pisar una playa de arena. «El glaciar había retrocedido y sólo tenía unos 70 metros de alto», explicó. Dos años después volvió a la zona y comprobó que el glaciar «había adelgazado y se había estrechado mucho más». «Los propios esquimales hablan ya del global warming (calentamiento global), lo que es muy significativo», concluyó.