IBIZA | ALBERTO FERRER
Los autónomos son el sector más expuesto a la crisis, según aseguran los trabajadores por cuenta propia, y son los que más duramente han sufrido la recesión, especialmente los que se dedicaban a la construcción y los transportes. «El autónomo es el primero en presentar batalla y el que antes recibe los golpes. Con todo, los autónomos son los que más aguantan y los últimos en tirar la toalla», asegura Cristina Canet, gerente de APTA, la asociación de trabajadores por cuenta propia que organizó la primera jornada sobre derechos de los autónomos, celebrada ayer en Ibiza.
¿Por qué resisten? Para Canet resulta obvio: «Detrás hay una familia» en la mayoría de casos, y esto sucede en más de un sentido. No se trata sólo de que los ingresos de la unidad familiar dependan del negocio, también que sus miembros aportan un trabajo no siempre remunerado. Como el caso de Santamaría Fontanería y Servicios Integrales, la empresa de Daniela Santamaría, que está dada de alta como trabajadora autónoma; pero, además, está pendiente de su éxito Yolanda Crozzoli, que se ocupa de los números. La única empresa del sector en Ibiza que «está llevada por mujeres» todavía no da para que las dos puedan vivir con los ingresos: «Es que recién abrimos en julio», explica Crozzoli, que actualmente está «desocupada».
«En verano nos pusimos las pilas y fue estupendo, con bastante movimiento, pero en octubre se fue a pique y ahora parece que empiezan a despertar de nuevo las cosas, aunque no te puedes quedar de brazos cruzados, tienes que salir a la calle a buscar», asegura Crozzoli. El secreto para perseverar en el intento es, para ella, «confiar en uno mismo» y también en las oportunidades que da la Administración para los que tienen «visión de futuro, a pesar de que se siga escuchando, como una letanía, que estamos en crisis».
Crisis y oportunidades
Ese mismo espíritu emprendedor ha empujado a Bárbara a tratar de abrir su propia boutique de moda: «Lo veo factible, ya tengo algunos contactos». Trabajaba como recepcionista en unos apartamentos de Formentera y tuvo que renunciar a su empleo por los problemas de movilidad que le provocaron las reducidas dimensiones del mostrador. Actualmente tramita su pensión de invalidez, aunque quiere seguir trabajando. «Ya tendré miedo si mi negocio no funciona», dice.
Belén Maldonado coordina el grupo de emprendedoras que se está formando en Ibiza y Formentera y es, a su vez, una autónoma que, a pesar de la mala coyuntura, asegura que también hay oportunidades: «Tengo un proyecto para la organización de eventos y ahora encuentras muy buenas ofertas en los proveedores», asegura. Confiesa que el contacto con otras emprendedoras que mantiene gracias a su trabajo le supone «una inyección de moral».
Diana Puig, de Mutua Balear, asegura que en el último año se han dado de baja «el diez por ciento de los autónomos» que trabajaban con su empresa. En paralelo, han aumentado las consultas sobre las compensaciones que recibirían «por accidentes o invalidez». Puig asegura que los autónomos «son los trabajadores con más miedos ahora mismo». Muchos han cerrado y la mayoría se han visto forzados a reducir sus plantillas, especialmente en los sectores vinculados al ladrillo: «Empresas que antes tenían de 15 a 20 operarios ahora cuentan con dos o tres». La estacionalidad también se ha acentuado y abundan los que «han pasado de estar dados de alta ocho meses del año a sólo cinco».
Pero adelgazar sus gastos no sirve en todos los casos, ya que se está observando que las empresas y autónomos que mejor están resistiendo los embates de la crisis son los que acumulan más años de actividad. Paradójicamente, el autónomo que peor lo tiene es el de un nivel de formación alto, universitarios y técnicos cualificados, frente al que trabaja para una gran empresa en una relación estable y continuada.
Según su experiencia, el paso de trabajador por cuenta ajena a autónomo se hace «con cautela». El que aspira a establecerse por su cuenta, tantea el terreno antes de abandonar la seguridad que ya tiene, un miedo lógico que «se ha acentuado con la crisis».
Canet asegura que las medidas para dar más liquidez a la Administración no llegan hasta la mayoría de autónomos: primero cobra la gran empresa contratista de obra pública, que después lo reparte según un orden en el que los trabajadores por cuenta propia tampoco están los primeros. «Es una rueda», asegura.
APTA reivindica no sólo la figura del emprendedor, también al pequeño autónomo que ya existe y necesita subvenciones «para mantenerse, con ayudas para su día a día». Por eso reivindican líneas de crédito para afrontar las deudas con sus proveedores y resistir a pesar de los impagos que padezcan. APTA se implantó hace unos años en Balears y ahora desembarca en Ibiza, donde esperan constituir un punto de referencia para la atención a este colectivo. Canet recuerda que en la isla los autónomos generan «el 80% de la actividad económica».