IBIZA | PEP RIBAS
«Si el uso de cosméticos y de ungüentos se pierde en la antigüedad, la costumbre de utilizar sustancias aromáticas es tan remota como la propia humanidad». Así se expresó anoche la doctora Teresa Carreras Rossell durante la conferencia con la que se inició el ciclo fenicio púnico del museo de es Puig des Molins.
Carreras explica que la primera fuente clásica que cita la palabra unguenta en relación con una sustancia olorosa de naturaleza grasa que se usaba para ungir, fue Plauto, y que Plinio el viejo situaba el origen de estas sustancias en Persia, para introducirse en Roma con la guerra contra Antíoco de Siria.
La doctora sostiene que la primera forma de obtener aromas fue a través de la combustión (raíces, resinas y maderas olorosas que producían un humo perfumado). Este concepto se fue ampliando para conseguir fijar un aroma efímero a través del humo a una sustancia olorosa, cremosa o grasa que se podía hacer perdurable. Así se estableció el concepto de perfume.
La ponente aludió a algunas fuentes a través de las cuales nos ha llegado gran cantidad de información sobre los perfumes y esencias en la antigüedad. Así, Teofrasto describe en ´De odoribus´ las propiedades de aceites y especies; Plinio el Viejo en ´Naturalis Historia´ explica las diferentes plantas aromáticas y los correspondientes perfumes, y Discórides analiza en su ´De Materia medica´ los componentes de los perfumes y sus propiedades medicinales.
La conferencia se refirió también a las especias, otros productos muy buscados y apreciados que según diferentes fuentes clásicas fueron materia de comercialización en los reinos de Arabia del Sur. En paralelo se desarrolló una industria de contenedores de diferentes materiales y formas (botellas, botes y cajas), así como utensilios para su aplicación: varitas de hueso, marfil, vidrio o bronce, espátulas, platos, morteros con sus mazas y boles, entre otros.