IBIZA | RAÚL SÁNCHEZ
Una decena de niños, aguja de plástico en mano (no estaban disponibles las de hueso de mamut), intentaron coser, con la inestimable ayuda de sus padres, un bolso de cuero al estilo de la Prehistoria. La casa payesa situada en la parte de arriba de la Necrópolis de es Puig des Molins, al lado de la calle Lucio Oculacio, enfrente del observatorio astronómico y del Molí des Porxet, acogió ayer una jornada fashion histórica.
Esta iniciativa conjunta del Museo Arqueológico de es Puig des Molins y del Ayuntamiento de Ibiza, que se celebra por segundo año consecutivo en Vila, reunió a 20 personas desde las diez de la mañana hasta casi la una del mediodía. Los primeros diez padres que llamaron tuvieron el privilegio de apuntarse a este innovador taller para acompañar a sus hijos. Es el único requisito: cada niño tiene que ir con su madre o con su padre, según explicó Carmen Mezquida, la coordinadora del gabinete didáctico del museo y organizadora de los talleres.
En el de ayer, Mezquida explicó a los pequeños la evolución de la moda: hace unos 20.000 años, en el Paleolítico Inferior, los humanos sintieron la necesidad de vestirse. Los niños aprendieron cómo nuestros antepasados adaptaban la piel de los animales a sus cuerpos.
Ya en el Paleolítico Medio a alguien se le ocurrió enhebrar una piel de animal en una especie de aguja: fue el nacimiento de la costura. También hace cerca de 20.000 años comenzaron a elaborarse botones decorativos; ya entonces la humanidad despertó su interés por la moda.
Aproximadamente en el 6.000 AC apareció la tela en Anatolia. Mezquida explicó la evolución de la moda hasta el siglo XV de nuestra era.
Lo más interesante del día fueron los talleres didácticos. Alejandra, de «cinco años y medio», según explicó ella misma, intentó elaborar un bolso de cuero al estilo prehistórico, con la inestimable ayuda de su madre, Silvia Rosell. «Los agujeros cuestan mucho pero coser me resulta más fácil porque me han enseñado mi madre y mi abuela», explicaba sentada en la misma mesa Gloria Gómez, otra niña de Santa Eulària.
Desde Jesús llegaron al taller del Museo Arqueológico Marcos Moreno, padre e hijo. «Es bastante complicado», comentaba el pequeño, de nueve años de edad. «Así aprenden lo que cuestan las cosas», matizó su padre. Ana Ruiz, de sólo cuatro años, consideraba que es «difícil» coser un monedero.
A continuación los pequeños trabajaron la lana en unos telares cedidos por el museo y luego hicieron un pañuelo con motivos púnicos. Habrá talleres hasta el verano: los próximos, uno de orfebrería y otro sobre el antiguo Egipto.