IBIZA | L. F. A.
Tomates, pimientos, berenjenas, lechugas, puerros, habas, guisantes, cebollas, apio, remolacha y todo en menos de 50 metros cuadrados. El agricultor Gaspar Caballero ha desarrollado una técnica propia de cultivo de verduras y plantas que no precisa de ningún elemento químico y que se puede desarrollar en un espacio muy pequeño. Más de una veintena de personas participaron ayer en un curso municipal impartido por este experto en agricultura ecológica en la finca municipal de Can Tomeu, en el barrio de Ca n´Escandell.
«El diseño del huerto tiene que ser de cuatro paradas –cuarto pequeñas parcelas– y en cada una se plantan diferentes familias botánicas y se hace una rotación para no agotar la tierra», explica Caballero, que ni siquiera utiliza el habitual azufre para las hojas de las tomateras ni los productos permitidos en la agricultura biológica. «No utilizo nada porque no se trata de cuidar la planta sino de cuidar la tierra, alimentándola con compost de manera regular», añade. También utiliza riego sudante y no por goteo «porque se ahorra mucha agua y la tierra se empapa de manera más uniforme», asegura ante la atenta mirada de sus alumnos. «La tierra ni se labra ni se pisa, nunca se endurece pero todo tiene que ir bien medido y pensado», concluye.
Rosalina Ribas, ingeniera agrícola y una de las responsables del proyecto, explica que el Ayuntamiento lleva tres años promoviendo este tipo de actividades ecológicas, por las que han pasado más de un centenar de personas. Los más de veinte participantes en la experiencia de ayer se dividieron en dos grupos: iniciados y avanzados. También participaron en los cursos varios profesores del programa de huertos escolares.
Ribas insiste en que estas actividades «buscan concienciar sobre la importancia de la calidad nutricional de los alimentos que ingerimos», además de fomentar el respeco hacia el medio ambiente, el interés por los cultivos tradicionales y las razas autóctonas. «Después de tres años de trabajo el Ayuntamiento no ha detectado un descenso de demanda, al contrario: se han ocupado todas las plazas ofertadas y sigue habiendo lista de espera», asegura. Incluso ha venido una persona de Mallorca y otra de Catalunya.
La ingeniera apunta que «todavía hay gente que tiene la impresión de que los productos de cultivo ecológico son caros, pero no es cierto». Un huerto de 50 metros cuadrados con cultivo alterno, como el que propone Caballero, responde a las necesidades de una familia de tres o cuatro componentes, un hecho nada despreciable en época de crisis. También puede ser mucho más pequeño, instalarse en un balcón y generar bastante producto. «Si tienes un jardín lo puedes reconvertir en jardín comestible porque estéticamente son bonitos y alimentan», explica Ribas, que no pierde la ocasión para señalar que en estos cursos «hay muchas más mujeres: ellas se interesan mucho por estos temas, por la nutrición correcta y la seguridad alimentaria».