IBIZA | A. P.
Algunos visitantes de la VIII edición del Salón de Automoción de las Pitiusas se colocaban las gafas para poder apreciar todos los detalles técnicos y de confort del coche por el que mostraba interés; otros, que debían tener problemas distintos de visión, se las quitaban para leer todas las particularidades del modelo que les interesaba y, sobre todo, para enterarse bien del precio y de las condiciones de pago.
En distintos mostradores de los concesionarios las secretarias y empleados, y en otros casos los propios empresarios, tecleaban un sin fin de números en una calculadora ante un cliente potencial que aguardaba sentado la respuesta: «Si usted lo financia así, tendrá este precio, mientras que al contado es este otro», intentaban convencer los comerciales a los visitantes que ya habían dado un paso más y mostraban un claro interés por un coche determinado.
«Poco a poco los visitantes van preguntando, pero la gente es un algo reacia. Miran y miran; ya veremos qué pasa», explicó un joven vendedor que en aquel momento se ocupaba de mostrar el interior de un todoterreno a una pareja.
Durante la mañana de ayer, segunda jornada de la feria, pocos visitantes acudieron a ver los nuevos modelos expuestos, aunque por la tarde se animó más y la afluencia aumentó. De todas formas, los expositores confían en que hoy sea el día decisivo, ya que esperan una afluencia masiva de público. «Todo el que quiere comprar un coche lo encontrará aquí al precio que quiera», aseguró el concesionario de Renault, Joan Riera.
Llamó la atención las informaciones que manejaban algunos de los visitantes, especialmente un grupo de tres jóvenes. Conocían las marcas, los modelos, la potencia y cilindrada del motor, y otras particularidades de muchos vehículos. Se veía que eran personas aficionadas al mundo del automóvil que disfrutaban con la contemplación de los modelos que presentaban los distintos concesionarios. En algunos casos, se detenían ante un vehículo en concreto y discutían sobre los acabados o la pintura metalizada.
Un niño, de unos cinco años, arrastraba a sus padres hacia los minicoches que no precisan carné. Quería montar en uno de ellos. Su madre le dijo que no se trataba de un coche de juguete, a pesar de que su pequeño tamaño así se lo hacía pensar al chico.
«Tenemos que volver. No hay tiempo de verlo todo hoy», exigió un joven a su acompañante de mayor edad, poco después de que éste le diera un ultimátum para irse. «Llevamos todo el día aquí», se lamentó.
Numerosos visitantes salieron del recinto ferial portando un ejemplar de Diario de Ibiza con el suplemento especial sobre el Salón de Automoción.