IBIZA | LAURA FERRER ARAMBARRI
Ya es mediodía pero todavía son muchos los residentes de Sant Antoni que no saben que uno de sus vecinos se ha despertado millonario. «Es posible que ni él mismo lo sepa todavía,» pronostica Vicente Tur, responsable de la Administración de lotería nº1 de Sant Antoni donde se ha sellado el boleto de la Primitiva del jueves con un premio de 1.443.278 euros. No es el único premio reciente que reparten. A finales de octubre sellaron un pleno al quince de la Quiniela con algo más de 130.000 euros. Tur recuerda muy bien una Bonoloto de más tres millones de euros del año 2004. «Hemos dado premios altos en todos los juegos salvo en el Euromillones, que todavía nos falta», asegura.
Es una administración afortunada que nació en el año 1975 de la mano del padre del actual propietario, que es titular del puesto desde 1990. En este tiempo han pasado por buenas y malas rachas en esto del azar pero el administrador reconoce que este año se está vendiendo de manera especialmente lenta la Lotería de Navidad. «La crisis se nota porque mucha gente vive de la construcción, que está muy parada. Otros tantos trabajan de temporada y este año muchos no han cotizado lo suficiente como para cobrar el paro», explica. Prevé que acabará el año con entre un 10 y un 15 por ciento menos de ingresos.
Pero a la gente le gusta acercarse a los lugares con suerte, por eso sabe que el premio de la Primitiva atraerá a más clientes. El administrador no quiere presumir pero sabe que es uno de los puntos de venta más afortunados, aunque recuerda que en Sant Josep se selló un premio de nueve millones de euros hace pocos años. Si a Tur le tocara un premio así lo primero que haría es coger un avión para ingresarlo en un banco que, a ser posible, no tenga sucursal en Ibiza. «Hay que intentar llevarlo de la manera más discreta posible porque tanto dinero puede poner en peligro a tus hijos y te puede cambiar demasiado la vida», explica. De todos modos, reconoce que en la mayor parte de los casos se termina sabiendo quién es el ganador, sobre todo en sitios tan pequeños como Ibiza «donde todo el mundo se conoce».
Los premios caducan a los tres meses y este administrador conoce un caso de un premiado de la Lotería Nacional que nunca cobró el dinero.
Tur disfruta con su trabajo o al menos eso es lo que transmite al hablar de él. Las supersticiones son algo habitual en el mundo del azar y por ello se ha abonado a un número de Lotería de Navidad «que ninguna otra administración tenía en España hasta que hace poco Sort se interesó también en el número». Extrae los billetes de un cajón y se ríe: «Es el 01235, el año de la reconquista catalana de Ibiza. Me hizo gracia cuando lo vi y me extrañó que nadie estuviera abonado a él». También lo tiene para la lotería semanal.
El administrador va recibiendo alguna que otra felicitación por sellar el premio, pero el ambiente en general es tranquilo. «No es como la lotería de Navidad en la que juega mucha gente y si toca se forma más revuelo en la administración». Trabaja allí con su mujer y una empleada más y está preocupado por el cambio en la legislación que semiprivatizará la red de ventas y multiplicará la competencia.