IBIZA | N. G. G.
Una conductora juzgada ayer por un delito contra la seguridad vial y otro de desobediencia, después de sufrir un accidente de tráfico que se saldó con daños materiales cuando se encontraba supuestamente ebria, aseguró que los agentes de la Policía Local de Sant Antoni no le ofrecieron realizar la prueba de alcoholemia y que, si lo hicieron, no les entendió porque no habla castellano.
La Fiscalía pidió para la procesada, R. S. O., de nacionalidad alemana, una multa de 2.700 euros y la retirada del carné durante dos años por el delito contra la seguridad vial, así como ocho meses de prisión por el de desobediencia. Su abogada, sin embargo, pidió su absolución de los dos delitos al considerar que no quedó probado que estuviera ebria y que el hecho de que no se sometiera a la prueba estuvo motivado porque no comprendió que se lo estuvieran pidiendo dado el caos de la situación y sus dificultades con el español.
Los hechos, enjuiciados ayer en el Juzgado de lo Penal número 2 de Ibiza, ocurrieron en la noche del 12 de febrero de 2006 en Sant Rafel. Según la acusación provisional del Ministerio Público, R. S. O., que conducía un Nissan Patrol, perdió el control de su vehículo y colisionó primero con un Opel Zafira que estaba aparcado y después con un BMW. Cuando una patrulla de la Policía Local de Sant Antoni acudió al lugar, supuestamente la mujer, que de acuerdo con la declaración de los agentes parecía ebria, se negó a hacer el test de detección alcohólica y se la llevaron al retén policial.
Sin embargo, la mujer señaló que perdió el control del coche porque se le cayeron las bolsas de la compra entre las piernas. Añadió que, cuando bajó del coche, se acercó el propietario de uno de los vehículos y que ella, que habla poco español, le ofreció dinero por los daños. R. S. O. indicó que la Policía no le dijo en ningún momento que hiciera la prueba.