IBIZA | LAURA FERRER ARAMBARRI
Es la primera exposición del pintor Rafael Bujanda (Madrid, 1957) en el Club Diario de Ibiza y es también la primera vez que muestra el que ya es para él su «proyecto definitivo», en el que va a emplear todas sus energías hasta conseguir la meta final: un cuadro-laberinto de un kilómetro. «Lo que quiero es que el público se pasee por el cuadro, que lo vea desde dentro hacia afuera y no al revés, que es lo habitual», explica mientras trabaja en la instalación que se podrá ver desde hoy hasta el 4 de diciembre en la sala.
«Quiero que la gente camine dentro del cuadro», remarca este artista inquieto. Por el momento los cuadros forman un conjunto de 45 metros y la idea del pintor es ir progresando poco a poco hasta llegar a su meta, que, admite, «es muy difícil». «Si contase con algún tipo de patrocinio el proyecto podría salir adelante en menos tiempo, pero requiere mucha inversión, así que tendrá que ir más lento». Está produciendo para esta obra entre diez a veinte cuadros al mes.
Los cuadros de Bujanda no son para colgar, al menos no los que presenta en esta muestra. «La idea surgió en el Palacio de Congresos de Santa Eulària, cuando me dieron un espacio enorme en el que pude colocar 36 piezas continuas. Vi que no era suficiente, que no llenaba el espacio, por eso quiero ir a más», relata Bujanda. «El año que viene, si todo va bien, utilizaré todo el hall del centro de congresos para colocar un laberinto mucho más grande», añade.
1.300 cuadros
Las proporciones del proyecto impresionan: un kilómetro de laberinto equivaldría a 1.300 cuadros de 1,71 metros por 38 centímetros sobre un soporte rígido que aguante la verticalidad y la materia que caracteriza los trabajos de este pintor.
Bujanda no teme cansarse de un proyecto que le puede llevar décadas. «En absoluto será monótono: manteniendo el formato, la obra reflejará mi propia evolución porque hoy no pinto lo mismo que pintaba en abril, aunque ambas fases forman parte del mismo proyecto», asegura. Así, la materia que utiliza este año puede ser madera o arena y el próximo, hierro, «pero todo formará parte de la misma obra». Mismo formato, lenguajes diferentes.
Los cuadros están trabajados por delante y por detrás de manera que la inmersión del espectador en la obra es total. «Al principio, por cuestiones de tamaño, no podrá estar totalmente cerrado pero, cuando sea grande, la persona estará dentro del todo. Tendrá sus puertas de entrada y salida o una sola puerta... e incluso no encontrará la salida, pero provocará una serie de sensaciones», añade. «Tiene una parte de juego y de experimento. Estoy seguro de que los niños van a disfrutarlo mucho con él», señala sonriendo por la experiencia con sus propios hijos.
Matérico y abstracto, Bujanda insiste en que no hay explicación para su obra; que lo que busca es que el espectador «se recree y encuentre en ella lo que quiere». «Ya lo dijo Ortega y Gasset: lo más nefasto que puede hacer un pintor es explicar su cuadro a un público, es ridículo», argumenta Bujanda.
Este pintor ya tiene en mente un nuevo proyecto de participación colectiva tras el cuadro de píxeles al que contribuyeron 4.000 personas. «Me gustaría crear un cuadro, una vista de Ibiza de tres metros por seis metros hecha por la gente de la isla. Que cada uno ponga un brochazo, un punto durante una semana en unos paneles... el resultado sería increíble porque podrían participar 15.000 ó 20.000 personas». Bujanda espera encontrar apoyos para esta idea. «Se necesitaría una grúa, un panel enorme, pintura», enumera con los ojos brillantes.