IBIZA | A. F. F.
María Nelsy Rengifo se vacunó ayer contra la gripe A en el centro de salud de Es Viver, en el que se registraron una decena de vacunanciones más. Ella padece bronquitis y por ello se encuentra entre la población de riesgo, por eso su médico se lo aconsejó: «Yo hago lo que me dicen y no discuto», asegura, así que ayer no tenía dudas sobre la conveniencia de volver a pincharse (dos semanas antes, fue inoculada también contra la gripe estacional).
El responsable de Atención Primaria del área de salud de las Pitiusas, Pedro Torres, decía que para diferenciar una campaña de la otra se ha adelantado la inmunización contra la gripe estacional «a primeros de octubre», y terminó oficialmente el 6 de noviembre. «Faltan los rezagados», aunque al final de la campaña se rondarán las 16.000 vacunaciones, una cifra similar a la de los casos susceptibles de contraer la gripe A con mayor virulencia, aunque los grupos de riesgo «no son exactamente iguales».
Como buena parte del personal sanitario, María Nelsy se cuestiona la eficacia de la vacuna: «Las enfermedades evolucionan más rápido que las medicinas», aunque está tranquila porque ya no se habla tanto de la gripe pandémica «como hace unos meses, debe ser que ha bajado».
La vacunación es voluntaria y no todos los considerados grupos de riesgo se inyectarán: «Si se la pincha el que la inventó, me vacuno», decía ayer una enfermera del centro de salud de Es Viver. Una compañera admitía «tener dudas», pero se vacunará la próxima semana «porque antepongo mi obligación de estar bien para trabajar a mis sospechas sobre la necesidad de vacunarse». Otras ni se lo cuestionaban: «Tenemos que vacunarnos». Como lo hizo Daniel Riera, un veterano diabético que se ayuda con un bastón para desplazarse que no falta a ninguna campaña de vacunación y que ayer también se inoculó contra la gripe A. «Me lo ha aconsejado mi médico». Un rato después del pinchazo, Riera no notaba reacción alguna: «Tengo 75 años y llegaré a los 76», afirmó rotundo.