PALMA | C. CANALS
De dimitir, nada; la palabra ni se menciona. Apenas media hora después de concluir su declaración ante el Tribunal Superior, Maria Antònia Munar comparecía fugazmente ante la prensa en la sede del Parlament, para dejar constancia de los apoyos recibidos a su paso por «la pena del telediario», su intención de seguir trabajando en «resolver los verdaderos problemas de los ciudadanos» y desaparecer sin dar opción a las preguntas de los numerosos periodistas congregados ante el despacho de la presidenta del legislativo.
«El hecho de tener responsabilidades implica en algunos momentos poder tener problemas», dijo escuetamente Munar. Si «un ciudadano presenta una querella» contra un cargo público –en referencia a la empresa Núñez i Navarro– y los juzgados la aceptan a trámite, el político será condenado a «la pena del telediario» con independencia de su inocencia o culpabilidad, reflexionó, en referencia al rechazo público que generan los políticos acusados de corrupción al ser expuestos en los informativos.
En este contexto, Munar agradeció el «apoyo» a los miembros de las diferentes ejecutivas de UM que la han hecho sentirse «apoyada». Según la presidenta honoraria del partido regionalista, «ha valido la pena trabajar por Mallorca», sabiéndose «compensada con el respaldo» de los suyos. Y extendió los agradecimientos a sus socios de gobierno, tanto a los actuales del Pacto como a los anteriores del PP, obviando que los jóvenes de Esquerra Unida se encontraban entre los que la increparon a su llegada a la sede del TSJB.
Munar justificó el hecho de utilizar la sede parlamentaria para dirigirse a los medios –algo discutible, puesto que su imputación en el caso Can Domenge no se debe a su actividad como presidenta de la cámara en esta legislatura– con las necesidades de la política balear.