SANTA GERTRUDIS | L. F. A.
Las fiestas de Santa Gertrudis reunieron ayer a centenares de vecinos de la zona y el resto de Santa Eulària, que abarrotaron la iglesia durante el oficio del obispo Vicente Juan Segura. Dentro del templo, a pesar de la multitud, se estaba algo más fresco que en la plaza, donde el termómetro marcaba 26 grados a la sombra cuando se ha rebasado el ecuador de noviembre. «El año pasado hacía un frío de muerte, esto no es normal», comentaba una vecina.
Los avatares del clima acapararon la conversación de los vecinos durante el cóctel de especialidades italianas que sirvió el restaurante Sano Deli tras el oficio. Las clásicas orelletes con moscatel convivieron en la plaza con las delicatessen de este convite, que incluían delicias de tomate cherry y queso del Piamonte, uva blanca cubierta de queso fresco y pistachos troceados o jamón de Parma de Trentino con ciruelas rojas pasas. Las copas rebosaban cava y tampoco se le hizo ascos al Ribera del Duero Mayor de Castilla que ofrecían en la barra. No había reparos en mezclar bunyols con finos pinchos de pimientos al horno con anchoa.
La representación institucional fue bastante abundante, empezando por los alcaldes de Santa Eulària, Vicent Marí; Sant Joan, Antoni Marí, Carraca, y Sant Antoni, José Sala, y siguiendo por los consellers del equipo de gobierno insular Marià Torres y Marga Torres, y otras autoridades como Cati Palau, Carmen Ferrer o José Luis Pardo.
Entre ellos destacaron por su papel activo en la fiesta la concejala de Cultura de Santa Eulària, Ana Costa, y el conseller insular del PP Diego Guasch, que se marcaron un par de llargas con la Colla de Santa Gertrudis. Los bailes de la agrupación fueron recibidos con aplausos tanto por parte de los vecinos más devotos como los turistas que estaban tomando algo en las decenas de terrazas que han proliferado desde la peatonización de la calles contiguas a la plaza.