IBIZA | NIEVES GARCÍA GÁLVEZ
Internos que cumplen condena en régimen de tercer grado en la prisión de Ibiza han presentado una queja para denunciar «las condiciones» en las que viven y la falta de recursos para realizar actividades formativas y de inserción laboral.
En el centro penitenciario de Can Fita hay actualmente catorce personas en régimen abierto, según fuentes de la secretaría general de instituciones penitenciarias, que precisaron que prácticamente la mitad de ellas trabajan fuera de la cárcel y sólo van a dormir, aunque los internos dicen que sólo tienen empleo tres.
En el escrito remitido a la juez de vigilancia penitenciaria, los internos critican que el espacio que disponen para vivir es «pequeño» para las personas que lo ocupan, que sólo tienen un baño –una ducha y dos tazas de váter–, que el comedor es para seis personas –por lo que dicen que deben comer en las habitaciones– y que los dormitorios, que deben compartir a veces «entre tres y cuatro», son muy reducidos.
«Es cierto que la zona dedicada a presos de régimen abierto es pequeña y se tiene el espacio que se tiene», indicaron desde instituciones penitenciarias, al tiempo que añadieron que en el último año se llevó a cabo una reforma «completa» que incluyó «cuartos de baños nuevos, la creación de una sala de estar que no existía y el alicatado» de las dependencias. «Pusieron baldosas que quitaron sitio a las habitaciones y cambiaron un sanitario», apuntó un preso respecto a esa reforma.
«No hacen nada por la reinserción»
Según los internos, carecen de opciones para realizar actividades físicas o culturales y tampoco realizan acciones encaminadas a la inserción social y laboral. «No hacen nada por la reinserción. Entre el segundo grado y la libertad provisional hay un limbo. En la cárcel debería haber acciones sociales y formativas pero de todo esto no hacen nada», comentaron los presos al respecto. «Yo hablé con un trabajador social para hacer un voluntariado pero no me dan nada», indicó uno de ellos.
A este respecto, desde la secretaría general de Instituciones Penitenciarias indicaron que el trabajo de orientación y reinserción se lleva a cabo sobre todo cuando están en segundo grado. «En los Centros de Inserción Social sí se pueden hacer este tipo de programas de seguimiento y acompañamiento», indicaron y recordaron que en el caso de Ibiza, se trata de una sección abierta «pequeña» y con sólo «seis o siete presos sin trabajo», por lo que ese trabajo de formación «se hace más cuando están en segundo grado».
En el escrito, los internos apuntaron que tampoco les dan facilidades para salir a buscar trabajo, pues deben solicitar la salida del centro con al menos 48 horas de antelación y el tiempo que les conceden es, a su juicio, «insuficiente». «En el centro no se promueve la inserción laboral y social, ya que estamos todas las tardes sin realizar ninguna tarea, no se nos da opción a nada. En cambio en otros centros permiten salir diariamente para llevar a cabo dicha reinserción», sostienen.
Otras de las quejas principales de los internos es el hecho de tener que realizar «de forma obligatoria» bajo pena de «sanción disciplinaria», según ellos, labores de auxiliar de puerta consistentes en descargar camiones de alimentos, tirar escombros de obras internas, cargar materiales, tirar la basura de la cárcel y limpiar los locutorios y la entrada. Todo ello sin remuneración y pese a que, según indicaron, hay «un interno y un monitor que cobran por este trabajo».
Al parecer, según Instituciones Penitenciarias, al clasificar un interno como de tercer grado, éste firma un compromiso de colaboración en tareas auxiliares como las citadas anteriormente. «Lo hacen aquéllos que no tienen trabajo, porque tampoco van a estar todo el día desocupados», afirmaron. Los presos reconocieron dicho acuerdo, pero sostuvieron que no se trata de una colaboración sino de una obligación.