JESÚS | MARTA TORRES
El retablo ha aguantado cuatro siglos y su deterioro se ha acelerado en las últimas décadas, explicó Ignasi Millet, director técnico de la empresa y catedrático de la Universitat de Barcelona, desde el altar de la iglesia de Jesús. Millet explicó a los políticos (los consellers insulares de Patrimonio y Cultura, Marga Torres y Marià Torres, respectivamente, y la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Santa Eulària, Ana Cosa) y al responsable de patrimonio del obispado de Ibiza, Francesc Xavier Torres Peters, que la principal causante del deteriorado estado en el que se encuentra el retablo es la humedad: «Los problemas climáticos nos llevan a diagnosticar una situación anómala del retablo. No sufre por causas naturales».
Millet detalló que en los días que ha permanecido en la isla estudiando la que calificó como una «magnífica obra de arte del Renacimiento primero» ha comprobado que la humedad y la temperatura del templo «están en constante movimiento». En este sentido, explicó que se busca un ambiente «de confort» y no uno que «favorezca la conservación del retablo». La calefacción y el aire acondicionado hacen variar la temperatura en muy poco tiempo mientras que la humedad siempre es elevada, lo que genera lo que el experto calificó como «una olla a presión» cuyas gotas de agua se condensan en la parte alta de la pieza, en el guardapolvo, que es la zona que se encuentra «en peor estado». «Lo normal es abrir las ventanas y el vaho se va, pero aquí no se abren, de manera que la condensación se coloca en la superficie de la capa pictórica expandiendo y moviendo su estructura orgánica. Esta humedad acaba con la poca vida del retablo», concretó señalando la parte alta de la pieza, en la que no se distingue ya ninguna imagen. La luz que entra a través del ojo de buey y que da de pleno en la parte superior aumenta el efecto de las gotas de agua condensadas en la pintura.
Una pieza «única»
Un poco más abajo, todavía se aprecian perfectamente las estampas de alrededor de una veintena de santos. San Juan Evangelista, San Antonio Abad, San Vicente Ferrer, San Nicolás de Bari, San Luis de Tolosa, San Antonio de Padua, San Francisco, San Juan Bautista, San Bernardo, San Onofre, San Sebastián , San Roque, San Marcos y San Pedro aún tienen buen aspecto si se les mira a una cierta distancia. Pero sólo hay que acercarse un poco para descubrir alguna mancha blanca de hongos y pequeñas grietas en el retablo, que se supone obra de los Osona y del que se deconoce cuándo llegó a la isla. «Es una pieza única y de una gran calidad», insistió.
Ignasi Millet señaló que las condiciones climáticas fueron más favorables durante las pasadas fiestas de Jesús, cuando el templo estuvo abierto buena parte del día. «Antes, las iglesias estaban más aireadas y menos iluminadas, de manera que las piezas estaban bien aclimatadas. Incluso hace 50 años estaban mejor que ahora», indicó.
El experto indicó a los políticos que para devolverle los colores y la textura original al retablo, cuya pieza central es la Mare de Déu de la Llet, conocida también como la Verge de la Llet, es necesaria una restauración de la pieza. Ésta afectaría no sólo a la parte visible, sino también a la estructura que la soporta y la escayola que cubre la parte trasera de la obra, que a consecuencia de la humedad del templo se ha reblandecido. Millet explicó que el retablo está colgado «al aire» y que esta forma hace que las placas inferiores soporten el peso de las que se encuentran encima, deformándolas. «Toda restauración es una complicación porque las obras de arte, cuanto menos se muevan y se trasladen, mejor», añadió. Además, insistió en que este trabajo no servirá si no se corrige el problema climático con deshumidificadores y un uso menos agresivo del aire acondicionado y la calefacción. «Es menos pernicioso una temperatura estable todo el día que pasar de 17 a 24 grados en media hora. El aire acondicionado que se instaló es tan fuerte que ha propiciado el deterioro. El clima acelerado hace que el retablo tenga un envejecimiento muy rápido», comentó.
Ignasi Millet recomendó vigilar también los alrededores de la iglesia para mejorar las condiciones climáticas. «Los escombros, la arena, las hierbas, acumulan humedad que se filtra a través de la paredes», detalló. «Se puede mejorar la situación dando una vuelta y mirando bien cómo está el exterior», añadió el experto, por cuyo estudio el Consell ha pagado 15.000 euros.
La restauración y los cambios que se deben llevar a cabo en la iglesia están presupuestados en algo más de 250.000 euros. Consell, Obispado y Ayuntamiento de Santa Eulària se reunirán en breve para decidir cómo actúan. Aunque están pendientes de la decisión, la mayoría de instituciones implicadas consideran que la actuación debe comenzar cuanto antes para evitar que las grietas que ahora surcan el cuerpo crucificado de Jesús y la alfombra de San Antonio alcancen también a la figura central de la virgen amamantando a su hijo envuelta en terciopelo rojo.