IBIZA | J. LL. F.
Los musulmanes que llegaron a Ibiza hace aproximadamente mil años convirtieron las zonas pantanosas de los alrededores de Vila en una fértil área agrícola. Así comenzó la historia de un espacio que tendría gran importancia en los siglos sucesivos, pues hasta mediados del siglo XX constituyó «el huerto de la ciudad», afirmó el historiador ibicenco Ernest Prats, que fue el encargado de pronunciar la primera conferencia del Curs Eivissenc de Cultura, que este año está íntegramente dedicado a ses Feixes.
Prats señaló que en ese momento esta área no se encontraba exactamente donde ahora, puesto que la propia línea de costa estaba considerablemente alejada de su ubicación actual. Sin embargo, la zona ya reunía requisitos para su aprovechamiento agrícola, dado que «son tierras de aluvión procedentes de los torrentes», que han ido rellenando la línea de costa a lo largo de los años.
Cuando llegaron los catalanes, en el siglo XIII, «éstos copiaron la tecnología árabe y se limitaron a acercar ses Feixes hacia el mar», afirmó Prats, quien indicó que los productos que se obtenían en ellas eran básicamente hortalizas, verduras «y algún árbol».
Desde Vila a Talamanca
Esta gran huerta se extendía prácticamente desde las afueras del barrio de la Marina hasta la playa de Talamanca, abarcando una superficie de 60 hectáreas, divididas en dos grandes partes, la de Vila y la de Talamanca. Hoy, de esas dos grandes manchas verdes, sólo pervive una pequeña parte que es objeto de protección por parte de las autoridades.
Prats explicó también el funcionamiento de ses Feixes y su configuración básica. Se trata de una red de distribución de agua en superficie, que circula a través de múltiples canales y subcanales, por capilaridad, haciendo llegar el líquido a todas partes «sin necesidad de regar; esa era la gran ventaja». Sin embargo, antes de llegar al suelo, el agua se filtraba a través de sucesivos materiales que se colocaban en la tierra: piedra, madera, marés y algas.
Las feixes se distribuían como un enorme puzzle de pequeñas parcelas que tapizaban de verde el entorno de la bahía de Ibiza. A dichas propiedades se accedía a menudo a través de los también tradicionales portales de feixa, de los que sólo sobreviven unos pocos ejemplares.
El sistema entró en crisis cuando, a finales del siglo XX, se taponaron su salidas naturales al mar y se abandonó la explotación agrícola del lugar.