IBIZA | L. F. A.
El fundador y presidente de la Casa de Ibiza y Formentera en Catalunya, Albert Oliver Noguera, lamenta pero asume el cierre de la institución, que en 2010 habría cumplido 30 años de andadura. «Los motivos que han llevado al final de la asociación son varios, pero el primero es que no tenemos sede, la actual suponía una serie de gastos inasumibles y un nuevo alquiler de un local supodría 30.000 ó 40.000 euros al año, una cantidad que, en las actuales circunstancias económicas no pueden asumir ni los consells ni el Govern», explica Oliver.
Reconoce que este no es el único motivo de que la Casa desaparezca. «La edad de nuestros socios es cada vez más elevada, algunos ya se han ido y a otros les cuesta cada vez más venir», argumenta. El presidente admite además que no han logrado captar a la juventud. «Se hizo algún intento pero no resultó», asegura.
La Casa de Menorca ofreció a los pitiusos unas habitaciones en su sede pero «no es la manera de continuar», remarca Oliver, que admite que las puertas no están cerradas a que se vuelva a recuperar. «Tenemos todos los documentos, sólo haría falta voluntad y prespuesto para que volviese a funcionar», asegura. En la actualidad la asociación agrupaba a un centenar de socios. «Nos ha apenado especialmente tener que cerrar ahora que estábamos a punto de cumplir 30 años», subraya.
El presidente asegura que la consellera de Política Social y Sanitaria, Patricia Abascal, se ha interesado por el futuro de la Casa pero que les ha transmitido que es imposible sufragar los gastos que conllevaba el local, ya que era necesaria una reforma de la fachada y del ascensor que elevaba mucho más la factura. El Govern también ha mostrado su apoyo, «pero no hay presupuesto, hay que ser comprensivos porque no falta voluntad sino dinero», remarca el presidente.