VICENTE VALERO
Puntualísima y bajo palio ha llegado a las librerías ibicencas la nueva novela de Dan Brown, ´El símbolo perdido´, y lo ha hecho sólo unos días después de que llegara también a los cines de la ciudad la última película de Alejandro Amenábar, ´Àgora´. El éxito de ambos productos parece asegurado, tal como sus respectivas y machaconas promociones han afirmado previamente. Es el destino de los best-sellers y de las superproducciones: arrasar en el mercado. Y tanto la novela de Brown como la película de Amenábar comparten con el resto de best-sellers y superproducciones de los últimos años su afición por las sociedades secretas, la religión y el oscurantismo. También comparten la mezcla –o más bien la confusión– entre historia y fantasía, confiriendo a sus respectivas tramas episodios en los que no falta el sonrojante disparate.
Desde que Milos Forman filmó el entretenido y exitoso ´Amadeus´, es difícil dar con alguien que crea que Mozart no fue asesinado por Salieri. El cine ha recurrido siempre sin escrúpulos, con mayor libertad si cabe que la literatura, a la alteración de biografías, ha convertido la Historia en una fuente inagotable de sorpresas, en un saco permanentemente lleno de vidas manipulables. La verdad cinematográfica –parecen decirnos– se encuentra en su propia y visual dinámica narrativa, es autónoma; para la otra verdad ya están los documentales, con su merecida fama de aburridos. (Y es que la verdad puede llegar a ser, es cierto, muy aburrida, además de, por supuesto, bastante incómoda). El Salieri envidioso y asesino de ´Amadeus´ no lo inventó tampoco Forman, sino el dramaturgo Peter Shaffer, en cuya obra de teatro homónima se basa la película. Pero, a diferencia del teatro, del que uno sale siempre seguro de sus mentiras y de sus verdades, el cine se proyecta en nuestros días en las pantallas como un foco objetivo de autenticidad, como el gran manual de moralidad popular. A ello contribuyen las promociones y, con frecuencia, también las declaraciones de actores y directores, que ya lo mismo hablan de metafísica que te dicen a quien tienes que ir a votar.
El disparate como fórmula de éxito
Ahora le ha tocado el turno a la filósofa alejandrina Hipatia, de la que casi nadie sabía de su existencia, salvo eruditos y profesores de filosofía. E incluso estos como sola mención, ya que no se conserva de ella obra alguna ni apenas hay referencias sobre su pensamiento. Respecto a su vida se conoce sobre todo su muerte: fue asesinada por una turba de criminales que profesaban la fe cristiana. Basándose sobre todo en leyendas, antiguas y modernas, Alejandro Amenábar ha construido una película de romanos donde se habla de dioses, de estrellas y de matemáticas. Es admirable que un director de cine español sitúe su película en un lugar como Alejandría (¡hay vida más allá de Lavapiés o Malasaña!). Y mucho más admirable es que estos personajes demuestren de vez en cuando también tener alguna idea. Pero más allá de las indiscutibles virtudes de este director, lo cierto es que ´Ágora´ es también uno de esos productos pseudointelectuales en los que se nos presenta una especie de «biografía» adaptada a los objetivos personales de su director –y a otros tal vez más oscuros de sus productores. Sin duda, los objetivos de Amenábar parecen honestos: presentar a Hipatia, la mujer filósofa, como víctima del fanatismo religioso. Pero incluso entre los objetivos honestos se cuelan a menudo disparates de gran calibre.
Los mayores disparates de ´Àgora´ llegan sin duda del fondo mismo de la biografía. Para comprobarlo, lo mejor es leer a Maria Dzielska, autora de ´Hipatia de Alejandría´, (Editorial Siruela, 2004), la biografía más aproximativa y fiel de la pensadora, basada en los únicos textos fiables de la Antigüedad, las cartas de su discípulo Sinesio de Cirene. Según esta investigadora, Hipatia fue asesinada por motivos políticos a la edad de 60 años. Era una mujer de personalidad muy compleja, sabia y poderosa en los asuntos mundanos de la ciudad. No sólo se dedicaba a mirar las estrellas, como por lo visto cree Amenábar, sino que su vida pública y política tuvo gran importancia. Su «escuela» era elitista y aristocrática, exclusiva para hombres ricos. En general, podría decirse que no era muy diferente a las otras escuelas de filosofía helenísticas, donde se mezclaban lo público y lo privado, la metafísica y el poder.
Si Amenábar se hubiera basado en este libro de Dzielska hubiera conseguido una aproximación bastante fiel y verdadera a la figura de Hipatia. Pero ha optado por presentarnos a una mujer perfecta y pura, una especie de espíritu sagrado y eternamente joven, en un mundo de idólatras salvajes, de bárbaros creyentes. Es decir, una visión simplista propia de la subcultura, muy alejada por tanto de sus altas pretensiones filosóficas. Pobre Salieri, pobres cristianos de Alejandría, pobre Hipatia, pobres de nosotros. El tsunami del cine «pseudohistórico» parece imparable. ¡Y a punto está de llegar ´2012´, con sus profecías mayas!
Por supuesto, como película de romanos que es, no faltan tampoco en ´Ágora´ los anacronismos; entre ellos, la habitual chumbera llegada de una América aún por descubrir.
Enigmas masónicos
El fenómeno Dan Brown tiene que ver también con el disparate intelectual. Como la película de Amenábar, la nueva novela de este escritor, titulada ´El símbolo perdido´, ha llegado a nuestra isla con vocación de arrasar en el mercado y de «iluminar» el pasado.
Con ´El Código da Vinci´ este autor ya intentó una de esas tramas pseudohistóricas delirantes, según la cual Cristo y María Magdalena habrían tenido un hijo que habría sido educado en Francia (por lo visto en aquella época de chumberas falsas, Francia ya tenía prestigio intelectual...) El secreto habría sido guardado por una sociedad secreta: los templarios. Etcétera. (Los malos eran aquí el Opus Dei. Casi nada). Y, por supuesto, hubo también película, cómo no iba a haberla, no a todo el mundo le gusta leer.
Pues bien, ahora el autor regresa con una novela que trata sobre la masonería, otra de esas sociedades «secretas» y «oscuras», cuyos misterios resulta tan urgente desvelar, y sobre las que fabular siempre sale gratis. O casi, porque la novela cuesta 22 euros.