IBIZA | NIEVES GARCÍA GÁLVEZ
Un hombre condenado ayer por abusar de una niña durante varios años no podrá acercarse al casco urbano de Santa Eulària, donde la menor reside con su familia, durante un periodo de ocho años, según lo acordado por el tribunal de la Sección Primera de la Audiencia Provincial.
El procesado, J. R. M., que está en prisión provisional desde que fue detenido hace cinco meses, deberá cumplir además tres años de cárcel como autor de un delito de abusos sexuales continuados y no podrá acercarse a la víctima ni a sus familiares en ocho años. Asimismo, tendrá que pagarle una indemnización total de 25.000 euros por los daños morales.
La vista oral contra J. R. M. se celebró en la mañana de ayer y durante la misma el acusado reconoció los hechos y aceptó la pena acordada entre la Fiscalía y su letrado defensor. En un primer momento, el Ministerio Público había pedido ocho años de prisión y 50.000 euros por agresión sexual continuada. Sin embargo, la fiscal decidió ayer cambiar la acusación a abuso sexual –fuentes jurídicas indicaron que no se daban las condiciones de una agresión–, un delito que conlleva una pena menor.
Los hechos juzgados
Según el escrito provisional de la acusación pública, durante la infancia de la víctima –que ahora tiene 13 años–, el acusado mantenía encuentros frecuentes con la familia de ella con motivo de cumpleaños, fiestas y comidas. En el transcurso de las reuniones, J. R. M. «aprovechaba para quedarse a solas con la menor, valiéndose de su condición de amigo íntimo de la familia y de su cercanía con ésta», describe el citado escrito.
En esos encuentros a solas, que solían producirse en la habitación de la niña u otros lugares del domicilio familiar –en una ocasión incluso en un barco con motivo a una excursión a Formentera–, J. R. M. la cogía con fuerza por los hombros para que no pudiera moverse, le efectuaba tocamientos en el pecho y en sus genitales por debajo de la ropa interior y la besaba en los labios. Ella «le pedía que la dejara en paz y el acusado, riéndose, continuaba tocándola y agarrándola de forma que le hacía daño para que no pudiera marcharse», sostiene la Fiscalía. Al parecer, estos hechos se produjeron durante «varios años» sin que la víctima pudiera recordar desde cuándo exactamente.
El pasado 9 de junio, la menor contó lo que estaba ocurriendo a su madre. Según relata la acusación pública, la menor había sufrido de nuevo tocamientos el día 1 de ese mes y, ante el temor de que J. R. M. volviera a ser invitado aquella jornada a su casa para comer, decidió explicarlo todo.
Como consecuencia de los abusos a los que fue sometida, la menor sufre continuas pesadillas por temor a que su agresor regrese de nuevo a su casa, siente temor hacia los hombres adultos, ha disminuido su rendimiento académico y sufre secuelas psicológicas, concluye el escrito de acusación del Ministerio Público.