IBIZA | NIEVES GARCÍA GÁLVEZ
Un hombre, juzgado por agresión sexual, reconoció ayer haber mantenido relaciones con la denunciante, a quien acababa de conocer, pero insistió en que fueron «consentidas» y que fue él quien decidió parar ya que le «vino todo a la cabeza»: «No tenía preservativo, había tenido una discusión con mi mujer, había trabajado todo el día, habíamos tomado unas copas...», recordó.
La vista oral contra J. A. S. P., de 36 años, se celebró en la Sección Primera de la Audiencia Provincial. Al final de la misma, la Fiscalía mantuvo su petición de siete años de cárcel y 3.000 euros de indemnización, al tiempo que su letrado pidió su libre absolución.
Los hechos ocurrieron en la madrugada de 11 de julio de 2008. Según coincidieron el acusado y la denunciante, irlandesa de 30 años que declaró por videoconferencia, se conocieron en un bar del puerto deportivo de Santa Eulària, donde ella estaba con sus hermanas, y charlaron, bebieron y bailaron. «Empezamos a tocarnos, a acariciarnos, a darnos algún beso que otro», dijo el procesado, aunque la mujer lo negó.
En un momento dado, salieron a la calle y fueron a dar un paseo hasta el pantalán más cercano. Según el acusado, la idea «surgió» de los dos, pero ella indicó que accedió a ir después de que él lo dijera hasta tres veces porque pensaba que él sólo «quería caminar al lado del mar». «Él me agarró fuerte del brazo y me llevó a los barcos», explicó ella, que añadió que tenía muchas ganas de ir al baño.
Entraron en un buque y él subió primero y se dirigió hacia la proa, seguido de ella. «Él caminaba hacia delante y me decía que viniera», comentó la mujer al ser preguntada sobre el motivo por el que accedió a subir al barco pese a que él no tenía llave y no podría ir al servicio. «Buscábamos un momento de intimidad», dijo J. A. S. P. por el contrario.
Sobre lo ocurrido en proa, el acusado y la denunciante ofrecieron versiones contrarias. «Él intentó besarme, me empujó fuerte en los hombros y me tiró sobre la cubierta. Puso mis brazos sobre mi cabeza y los sujetó primero con las dos manos. Después dejó una mano arriba y con la otra me bajó los shorts. Me penetró y me violó», relató la mujer. Preguntada sobre si en algún momento gritó u opuso resistencia, la denunciante dijo que no, por miedo a que en el forcejeo la tirara al agua, pero resaltó que lloraba y decía «no, no».
«Estuvimos besándonos de pie y tocándonos. Ella me bajó los pantalones y yo le subí la camiseta y el sujetador. Ella se bajó sus pantalones y nos echamos al suelo», comentó el acusado, que añadió: «En ningún momento usé algún tipo de fuerza ni oí que ella dijera nada». J. A. S. P. añadió que tras penetrarla durante unos «10 ó 15 segundos» decidió parar tras pensar en su mujer y porque no llevaba condones.
Ambos coincidieron en que, una vez finalizado, ella se levantó, se vistió y se marchó, pero antes le dio un beso, mientras que él se quedó. «No quería que me atacara más y le di un beso porque estaba asustada», dijo.
Ella volvió al bar y contó lo ocurrido a su hermana. Al poco tiempo llegó él, que volvió al bar para estar con ella, y la encontró llorando. El dueño del bar le contó que la mujer decía que había mantenido relaciones que no quería, antes de avisar a la Guardia Civil, a cuyos agentes él esperó en el lugar.
Como consecuencia de la presunta agresión, la mujer presentaba una escoriación en la espalda dejada por el corchete del sujetador. Según la forense, esta marca queda tras efectuar presión, lo que es compatible con lo narrado por ella. Sin embargo, la experta señaló que no tenía otras marcas ni hematomas habituales en las víctimas de violación, y que no mostraba síntomas de estrés postraumático, aunque ella añadió que desde diciembre está en tratamiento.