IBIZA | J. LL. F.
Si combinar la vida familiar y la laboral ya es complicado para la mayoría de los trabajadores, todavía lo es más cuando el empleo se ejerce en Palma y los hijos pequeños están en Ibiza. Esto es lo que le sucede a la consellera de Interior del Govern balear, Pilar Costa, desde que hace algo más de un mes fue nombrada por el presidente Antich para ocupar este cargo.
Ya de antemano advierte de que, dentro de sus complicadas circunstancias, «todavía hay personas que lo tienen mucho más difícil», pues la ayuda que le prestan su compañero, Julián Aguilar, los abuelos de los niños y una canguro permite suplir su ausencia mucho mejor que en aquellos casos en que el trabajador o trabajadora (y padre o madre) carecen de parientes o de medios para sufragarse un empleado.
«Suelo tomar unos seis u ocho vuelos de ida y vuelta a la semana», confesaba el pasado sábado por la mañana Pilar Costa en el pequeño parque infantil del barrio de sa Carroca donde vive, mientras lleva de la mano al pequeño Martí, de un año de edad, y a su hermano Julià, de cuatro. Con un ojo en los niños mientras éstos juegan con los columpios y otro en la entrevista, la consellera explica que normalmente permanece en Palma de martes a viernes. «Sin embargo, procuro no pasar más de dos noches seguidas fuera», indica. «Tomo el último vuelo que sale por la noche desde Palma hacia Ibiza, pero si algún día pierdo ese vuelo, ya sé que no podré ver a los niños esa noche», añade. «De todos modos, si llego tarde y ya están durmiendo, como por la mañana salgo pronto hacia Palma, tampoco es que pueda verlos mucho», relata Pilar Costa, quien ha dejado de ver las interrupciones de sueño como algo negativo cuando está junto a ellos: «Si antes era una molestia que se despertaran para pedir algo o para llorar, ahora incluso lo ves como algo agradable», comenta en tono jocoso.
«Sentimiento de culpabilidad»
La consellera de Interior del Govern admite que «el sentimiento de culpabilidad es inevitable». Cuando se encuentra en Mallorca desarrollando su trabajo institucional, «el trabajo te absorbe tanto que no te paras a pensar, aunque cuando te paras a la hora de comer la verdad es que sí echas de menos a la familia», declara.
El apoyo de su compañero, Julián, es fundamental: «Hace lo que yo hacía antes: llevar los niños a la escuela y recogerlos».
Pero incluso los fines de semana Pilar Costa suele tener compromisos relacionados con su cargo. Así sucedía este sábado, en que la consellera debía acudir a las doce del mediodía a la fiesta que las policías locales de toda la isla celebraban en Sant Antoni. Acompañada de los dos niños, va con su coche a esta localidad, donde los deja en compañía de su hermana, que regenta una tienda. Terminado el acto oficial, vuelve a reunirse con ellos.
Al abordar las ayudas económicas y el apoyo legal que actualmente existe para la conciliación, la consellera admite que todo ello es aún insuficiente. «En el 99 por ciento de los casos, la perjudicada por estas situaciones es la mujer y la mitad del salario se puede ir en cuidar a los niños», afirma en alusión a las guarderías, «que aunque sean públicas cuestan dinero, y muchas mujeres optan por cuidarlos ellas», lo que va en perjuicio de su trabajo.
Las ayudas que se otorgan son sólo de carácter económico, como las subvenciones de 1.500 euros por el nacimiento de un niño o los 100 euros mensuales hasta los tres años. Sin embargo, todavía no hay leyes concretas que faciliten la conciliación laboral.
Pilar Costa reivindica las bajas laborales de seis meses por el nacimiento de un bebé, frente a los cuatro actuales. «Claro que yo digo esto y en realidad sólo estuve quince días de baja cuando nació mi hijo Martí», afirma.
También considera necesario que al menos las grandes empresas instalen dependencias para atender a los hijos de los empleados, «pues es algo que da mucha seguridad a los padres», asegura. Ella misma, con su primer hijo, comprobó este hecho en el Parlament balear, al que acudía varias veces a la semana cuando era diputada.
La Cámara balear tiene una pequeña guardería para hijos de los parlamentarios y empleados. Sin embargo, de momento, este tipo de servicios en grandes empresas o en la Administración sigue siendo una excepción.