IBIZA | L. F. A.
Durante dos semanas, cerca de 500 alumnos de centros escolares de la isla se convertirán por unas horas en pequeños homo sapiens dentro del taller ´Viure la Prehistòria´, que ofrece el Museo arqueológico de la Necrópolis del Puig des Molins dentro de las actividades de la Semana de la ciencia. El personal del museo introduce a los niños en la evolución humana: desde los Australopithecus al Homo sapiens, pasando por el Homo habilis y el erectus para después trasladarles a una sala donde han habilitado la reproducción de una cueva en la que les explican cómo era el día a día de aquellos humanos.
Los primeros en acercarse a la Prehistoria han sido los alumnos de 3º y 4º de Primaria del colegio Labritja de Sant Joan, que participaron ayer activamente en el taller ya que no pararon de intervenir y hacer preguntas sobre la confección de herramientas, sobre cómo vestían y cómo cazaban en aquella época.
Carmen Mezquida, encargada del departamento didáctico del museo, explica que la iniciativa «ha sido un éxito». La demanda por parte de colegios para visitar la muestra les ha desbordado, después de los buenos resultados del taller de cocina romana del año pasado. «Nos hacía mucha gracia porque se comían lo que preparaban, aunque el resultado no fuese perfecto, como cuando hacemos el pan en el taller de arqueología. Te preguntas cómo pueden comerse ese pan –que a veces quedaba bastante duro– pero lo hacen porque lo han elaborado ellos y les hace mucha ilusión», asegura Mezquida, que, junto con Alicia Gómez, es la encargada de desvelar los secretos de la Prehistoria a los niños.
«Un còdol fue el primer martillo de la humanidad», explicaba Alicia Gómez, mientras Carmen Mezquida les descubría los misterios de las pinturas prehistóricas: «Durante muchos años se creyó que el hecho de que los contornos de manos pintadas en muchas cuevas tuvieran sólo cuatro dedos se debía a que perdían las falanges por congelación o en la caza, sin embargo se descubrió que era un código de comunicación».
El taller consta de varias actividades. «Lo primero es explicar cómo vivían, qué cazaban y de qué se alimentaban los hombres prehistóricos. Después, los chavales pasan a otra sala donde confeccionan venus de barro, a imitación de la de Willendorf, y pintan bisontes sobre placas, utilizando las mismas técnicas que los primitivos aprendiendo, además, qué son los pigmentos y cómo han de utilizarse», comenta Mezquida.
El director del museo, Jordi Fernández, está convencido de que este tipo de talleres «son los que tienen mayor razón de ser en un museo porque contribuyen a la educación, a la cultura y al acercamiento al patrimonio. Con esta actividad hacemos que los pequeños respeten y conozcan su cultura», remarca.
Fernández está encantado de la buena acogida de la iniciativa y reconoce que han tenido que elegir a los centros participantes por riguroso orden de llegada de solicitudes.