IBIZA | MARTA TORRES
«De momento no hemos notado la crisis. La gente más o menos ha venido a comprar lo de cada año y las reservas son prácticamente las mismas aunque eso sí, hemos vendido y reservado muchas menos rosas que en años anteriores», comentaba la noche del viernes Rosa, florista de Vila, mientras echaba el cierre a su establecimiento. «Bueno, ya veremos si mañana alguna se arrepiente y vienen todos a buscar lo que han encargado», reflexionaba segundos después.
Ayer por la mañana, las calles del Mercat Nou estaban llenas de gente con ramos de flores frescas. Las empleadas de una floristería del mercado reconocían que la gente parece no ahorrar a la hora de decorar las tumbas de sus seres queridos. «Hay mucha gente que sólo les pone flores frescas este día, así que la mayoría compra lo de siempre. Un ramo de crisantemos o de claveles, que es lo que más se está vendiendo», comenta una de ellas. «Como el resto del año tienen flores de plástico, hoy no piensan en el bolsillo. Apenas hemos notado diferencia», añade su compañera.
Cerca del mediodía, están casi vacíos muchos de los enormes cubos que a primera hora de la mañana estaban a reventar de pequeños ramos de gladiolos ya elaborados. «La gente también los pide mucho», comenta una de las floristas de un establecimiento cercano a Vara de Rey mientras junta todas las flores en varios cubos y recoge los vacíos.
La misma estampa que en las floristerías se ve en las tiendas de todo a un euro. La gente se agolpa frente a centenares de flores de plástico buscando las que más le gustan. «Este año hay más gente», comenta Francisco. «Los clientes nos explican que aunque comprarán flores de verdad, no serán tantas como en otras ocasiones y que completarán la decoración con algunas de tela», explica. Frente a él, en la caja, varias clientas afirman con la cabeza. «Yo, las de fuera, las pongo de verdad, pero las de dentro del cristal las escojo de plástico», justifica Margalida, que lleva en la mano un par de esquejes de adelfa rosa que se dispone a depositar en la tumba de su marido Josep Antoni, en el cementerio viejo.
Vaivén en el cementerio
Los cementerios de la isla estuvieron ayer, desde primera hora de la mañana, recibiendo visitas. Los que se lo tomaron con calma hasta tuvieron que esperar, pacientes, su turno para la escalera con la que alcanzar el nicho. En el cementerio de ses Salines, todos intentaban estar poco rato, debido al fuerte olor que salía de la depuradora, que está justo al lado. Por contra, en el cementerio viejo de la ciudad de Ibiza, la gente se tomaba su tiempo. Los visitantes se saludaban, cruzaban unas palabras en la fuente mientras cogían agua para las flores recién compradas y se prestaban escobas y trapos con lo que limpiar las lápidas y los cristales. Algunos, además, disfrutaban del vaivén de personas sentados en los bancos de la plaza principal.
Los tradicionales panellets no corren la misma suerte que las flores. Varios pasteleros de Vila y Sant Antoni aseguran que la gente, aunque los compra, lo hace en menor cantidad. «En vez de un kilo, que está a 24 euros, compran medio, sólo para no quedarse con las ganas. Tampoco hemos visto mucha gente que se lleve grandes cantidades para las comidas en familia, como otros años», indica Cati señalando el mostrador lleno de estos dulces. «Este año, con esto de que la gente compra menos, se ha notado más la diferencia entre los de piñones y el resto. Proporcionalmente, se han vendido más», explica Joan, pastelero, que señala que mucha gente se lleva un «puñado» de panellets y una bandeja de pastelitos, «que son más baratos».