IBIZA | M. T.
Un guardia de seguridad controlando la entrada como si fuera una discoteca y varias personas haciendo cola frente a la puerta de un establecimiento de disfraces. Así llegó la Noche de Todos los Santos este año. Desde la tarde del viernes y hasta última hora de ayer las tiendas en las que vendían productos de Halloween no daban abasto.
De hecho, los que se despistaron y dejaron para último momento hacer las compras se encontraron con estanterías medio vacías y muchos problemas para componer sus disfraces. A media semana, y a pesar de su elevado precio, se habían agotado algunos productos. Los que preguntaban por el glamuroso disfraz de Lady Espanto (una especie de princesa de las tinieblas) o por los monos de esqueleto cuyos huesos brillan en la oscuridad se encontraban con la desagradable realidad: «Ya no nos quedan».
También se agotaron rápido las calcomanías de todo tipo de bichos y algunas pelucas. Las escasas cabezas cuadradas de Frankenstein que había en la isla también volaron rápido. Las dependientas de dos de estas tiendas confesaban estar sorprendidas por la cantidad de clientes recibidos estos días. Aseguran que aunque cada año celebrar Halloween está más de moda, este mes de octubre las ventas se han multiplicado.
Entre los emocionados clientes de las tiendas, gente de todas las edades. Desde niños con ganas de disfrazarse hasta adultos en busca del atuendo más escalofriante, pasando por manadas de adolescentes locos por dar miedo, aunque con trajes que no rompan su estética. Es decir, terroríficos pero monos.
Entre los productos más vendidos: pelucas de Morticia, capas de vampiro, sombreros de bruja, litros y litros de sangre de mentira, caretas horrorosas, escobas, pintura blanca y negra para parecer bien muerto y ristras de calabazas de papel para decorar. (Más información en la contraportada).