IBIZA | MARTA TORRES
«Hasta aquí puedo llegar con mi hijo», comenta Susana plantada en mitad de la entrada de las instalaciones. Una rampa en el exterior permite que la silla de ruedas sortee la escalinata y cruce el umbral de la puerta, pero eso es todo. No puede ir más allá. Justo frente a la puerta hay un ascensor blanco. En la esquina superior izquierda luce una pegatina azul en la que se ve el dibujo de una persona en silla de ruedas. Susana lo mira con desesperación. «Hace más de un año que lo instalaron, pero todavía no funciona», afirma.
Efectivamente. La puerta no se abre, no se puede llamar. No sirve para nada. «Nos han dicho que está pendiente de un permiso de la conselleria de Industria, pero llevamos esperando más de un año», insiste. Susana no sabe cuándo estará operativo el ascensor, ya que nadie le responde.
El polideportivo habilitó el elevador en 2008, ya que una ley obligaba a todas las instalaciones públicas a ser accesibles para personas con discapacidad a partir de ese año. Sin embargo, más de un año después las personas con sillas de ruedas no pueden llegar hasta las gradas o el bar para seguir las competiciones y los entrenos. «Si el ascensor funcionara, al menos podría subir con Lucas hasta la cafetería, que se encuentra en la última planta, y sentarnos allí», explica la madre. Fue ella la que en 2007 pidió al gerente de las instalaciones un ascensor para que las personas en sillas de ruedas pudieran acceder al recinto.
Mientras Lucas era pequeño, Susana lo llevaba en brazos y veía los entrenos y las competiciones de Lucía. «Pero ahora pesa más de veinte kilos, es imposible subir con él las escaleras. Además, no puedo sentarlo en ningún sitio porque, por su enfermedad, no es capaz de agarrarse a nada o de aguantarse», explica Susana Fresneda.
Sin otras opciones
La madre señala que en ocasiones abren las puertas de emergencia de la cancha para que algunas personas que van en silla de ruedas puedan ver las competiciones desde la misma pista. «Pero no es algo que hagan habitualmente», comenta antes de explicar que, de todas maneras, Lucas no podría estar allí ya que no podría defenderse si le llegara una pelota perdida durante los entrenos o las competiciones.
«No creo que pida nada descabellado. No pido que adapten las gradas para discapacitados. Sólo pido que el ascensor que lleva más de un año instalado funcione. Además, no es sólo para mi hijo, es para todas las personas que van en silla de ruedas y para los mayores que no pueden moverse bien», insiste esta mujer que se queja porque los responsables de las instalaciones y del Consell de Ibiza no le han dado ninguna opción a su problema.
Sin el ascensor, además, las personas que van en silla de ruedas no pueden acceder tampoco a los cuartos de baño, que se encuentran en la planta baja, un piso por debajo de la entrada. La madre, que cuenta con el apoyo de la Asociación de Personas con Necesidades Especiales de Ibiza y Formentera (Apneef), también critica que no se respete el aparcamiento para personas con discapacidad que hay en el recinto del polideportivo.
La consellera insular de Política Sociosanitaria, Patricia Abascal, consultada por este diario, se mostró sorprendida de la situación del ascensor, aunque reconoció que la concesión de los permisos «suele ser lenta». Fuentes del Consell aseguraron que el ascensor se habilitó lo más rápidamente posible y que, aunque la instalación está perfecta, no pueden ponerla en marcha sin el permiso de Industria. Abascal se comprometió a «averiguar» cómo se encuentra la tramitación del permiso definitivo para el funcionamiento del ascensor.