IBIZA | A. F. F.
El ciudano polaco W.J. fue condenado ayer a dos años y medio de prisión, con otros nueve meses de multa a razón de seis euros diarios, por los delitos de allanamiento de morada y daños, además de una indemnización de 1.090 euros por los desperfectos que ocasionó en un ataque de furia que sufrió en una urbanización de la zona de Can Misses el pasado 3 de marzo. El acusado, al que el fiscal pedía una condena inicial de cuatro años, aceptó finalmente la rebaja de condena acordada con su abogado defensor.
Aunque no se llegó a celebrar la vista oral contra él, parece ser que tampoco durante la instrucción del caso se llegó a esclarecer por qué el condenado huyó del hospital de Can Misses, donde se le trasladó para curarle algunas heridas. Él no recuerda nada de lo sucedido en la noche del 3 de marzo pasado, según contestó al juez en sus comparecencias previas.
En la madrugada de aquel día, el hombre llegó a un bar de la avenida de Ignacio Wallis de Vila con varios cortes y lesiones, aunque no explicó cómo se había causado esas laceraciones. Los responsables del local alertaron a la Policía Local, que desplazó una patrulla al lugar para recoger al herido y trasladarle al hospital para que se trataran las lesiones que presentaba, aunque entonces no fue detenido.
Una vez en el centro sanitario, en torno a las 3 de la madrugada, el hombre, que no estaba bajo arresto, aprovechó la ausencia de vigilancia para huir del hospital hacia una urbanización de adosados de las inmediaciones. Cubierto con una capucha, el condenado accedió al interior del recinto y empezó a gritar y a pulsar repetidamente los porteros automáticos de varias de las viviendas, alterando la tranquilidad de los vecinos. En una de las casas se percató de que le observaban a través de la mirilla y se encaró con ellos, buscando por dónde acceder a su interior. Quien le miraba era el propietario, preocupado por la algarabía, que le advirtió de que en el interior de la vivienda dormían varios niños y le apremió a que se marchara.
Al parecer, un ventanuco de uno de los aseos no estaba bien cerrado y, a pesar de su corpulencia, el ciudadano polaco pudo acceder al interior de la casa a través de él, y se encaró con el propietario de la vivienda, que le volvió a conminar a que abandonara la casa.
En lugar de eso, el intruso rompió varios objetos de la vivienda. El padre de familia se marchó al piso superior para coger un martillo, el condenado le siguió y comenzaron a forcejear. El intruso recibió un golpe, aunque al agresor se le sobreseyeron los cargos por estas lesiones al estimar que actuó en legítima defensa.
El condenado, que ha pasado ya seis meses en prisión preventiva, volvió al centro penitenciario de Ibiza para el cumplimiento del resto de la condena. Se da la circunstancia de que no tenía antecedentes previos.