SANT ANTONI | R. S. V.
«Habíamos estado en Palma de Mallorca, pero sin el Imserso, por nuestra cuenta, y ahora hemos decidido venir a Ibiza para conocerla, para ver cómo es», afirma Josefa, una madrileña que, como casi todos los turistas de este programa sénior, viaja en pareja. Su marido está viendo un partido de fútbol en la sala de televisión del hotel y ella aguarda en el hall a que comience el baile que diariamente organizan tras la cena para los grupos de jubilados.
El trato recibido le ha parecido lo suficientemente bueno para volver —«aquí en el hotel nos han cuidado muy bien»—, pero confiesa que prefiere conocer nuevos destinos en lugar de repetir. De todas las excursiones que le ha dado tiempo a realizar destaca la visita a Dalt Vila y la ´Ruta mágica´, un circuito por el que llevan a los pensionistas a visitar los núcleos históricos de varios pueblos. Sorprendentemente no elogia las playas, asegura que no las ha visto, pero sí las pequeñas iglesias rurales. Sant Antoni, localidad en la que está enclavado el hotel donde se aloja, le gusta especialmente porque «está todo muy limpio, sobre todo en Sant Antoni, pero también en Vila». «Me ha extrañado muchísimo el aspecto de los bares. En Madrid no son así. Aquí no ves ni un papel en el suelo, ni por la calle. En la Península está todo más sucio, y en Madrid todavía más», argumenta tras ocho días recorriendo la isla.