IBIZA | EUGENIO RODRÍGUEZ
Ninguna caseta varadero de la isla figura en los catálogos de Patrimonio que se adjuntan a las normas urbanísticas de cada municipio para arbitrar medidas que garanticen su conservación. Las últimas demoliciones llevadas a cabo por Costas en es Codolar, Cap d´es Falcó y la desembocadura del río de Santa Eulària han puesto en alerta a los ayuntamientos y al Consell, que ya ha anunciado su interés en salvaguardar muchas de estas instalaciones mediante la protección de determinadas áreas del litoral con la figura de lugar de interés etnográfico, como ya se hizo en su momento en sa Punta des Molí, en Sant Antoni, y en sa Caleta.
El expediente de este último caso aún se está tramitando. El jefe de la Demarcación de Costas en Balears, Celestí Alomar, aseguró recientemente que no se van a ejecutar nuevos derribos hasta que el Consell decida qué estructuras merecen ser preservadas.
Los consistorios cuentan (o están a punto de hacerlo) con inventarios de todas las construcciones de este tipo para reclamar ante la Demarcación de Costas y el Consell el blindaje de todas aquellas que cumplan con «la función tradicional» de dar cobijo a embarcaciones.
Concesión administrativa
El Ayuntamiento de Sant Joan ha contabilizado en el inventario que realizó en 1989 un total de entre 150 y 160 casetas varadero, la mayoría de las cuales no tienen ninguna concesión administrativa. Lo mismo sucede con el resto de construcciones de este tipo que se encuentran en el resto de municipios de la isla. De hecho, el alcalde, Antoni Marí Carraca, recuerda que a mediados de los años 90, el Consistorio ya mantuvo contactos con la Demarcación de Costas para tratar de «regularizar» la situación de estas instalaciones.
A principios del verano, el pleno de Sant Joan acordó por unanimidad enviar de nuevo este inventario a Costas. También se hará lo mismo ahora con el Consell. El alcalde pide que se preserven todas aquellas casetas que cumplan con su función tradicional. «No vale cualquier cosa», advierte. Apunta que «la inmensa mayoría» cumplen esta función y «forman parte del paisaje».
Sin refugio en la zona norte
El alcalde destaca, además, que en el norte de la isla «no existe ningún refugio para embarcaciones», por lo que entiende que «las casetas varadero son necesarias, e incluso imprescindibles en algunos casos, para poder guardar las embarcaciones». Marí recuerda que «no todo el mundo tiene un vehículo todoterreno y un remolque para transportar la barca cada vez que la quiere utilizar».
Por su parte, el Ayuntamiento de Sant Antoni también dispone de un inventario de este tipo de construcciones desde 1998. El teniente de alcalde, Joan Pantaleoni, explicó ayer a este periódico que el Consistorio va a actualizar la información de la que dispone para remitirla a Costas.
En el caso de Sant Josep, el Ayuntamiento concedió este verano una beca a estudiantes del municipio para elaborar un catálogo de las casetas varadero del municipio. En total, en este reciente trabajo de campo se han contabilizado 42 construcciones. El alcalde, Josep Marí Ribas Agustinet, también asegura que las casetas que sigan ejerciendo la función para la que en su día fueron construidas deben ser preservadas mediante alguna figura de protección para evitar que puedan ser derribadas. Marí Ribas puntualiza, no obstante, que «las que se han convertido en casas de fin de semana no pueden ser legalizadas».
En este sentido, el alcalde señala que el inventario municipal de Sant Josep puede servir no sólo para proteger las construcciones que lo merezcan, sino que puede suponer «el primer paso» para que se ordene «el derribo» de las que no sirvan de cobijo para embarcaciones. Dice, incluso, que en Sant Josep hay casos de casetas que en planta baja cumplen su función original pero tienen una planta superior reconvertida en «un pisito». «Esto no es posible ni razonable y bien Costas o el Ayuntamiento debe actuar para evitarlo», advierte.