IBIZA | A. F. F.
La familia Vilás, propietaria del Grupo Policlínica, entrega desde el pasado mes de agosto 50 menus diarios de manera gratuita a Cáritas, lo que cubre la demanda diaria de estas comidas y permitirá ahorrar 5.000 euros mensuales a la entidad diocesana. Según un comunicado emitido desde la ONG, la aportación de los Vilás incluye también el transporte gratuito de la comida hasta el comedor social y está previsto que su número se incremente de manera progresiva hasta alcanzar el centenar de menús diarios en función de las necesidades.
El director de la entidad benéfica, Joan Marí, agradeció esta contribución porque les permite «mantener el actual número de plazas» de comedor sin repercutir en sus costes de explotación. Marta Vilás, en nombre del grupo, aseguró que esta donación «no tiene fecha de caducidad» y explicó que decidieron constribuir a la labor de la ONG católica al disponer de «los recursos precisos».
Marí añadió que en el primer semestre del 2009 se han servido 10.413 comidas tanto en su comedor social como en el Centro de Acogida Municipal, «el equivalente a las comidas servidas en todo el año 2008», cuando se entregaron 10.939 en todo el año, sólo 526 más, con lo que calificó de «vital» esta ayuda.
El comedor social puede atender a 42 personas al día, aunque se alcanzan las 60 gracias a los bocadillos o lotes de alimentos que se entregan a los que se quedan sin poder entrar a comer caliente. La donación cubre la demanda diaria de comidas, que hasta ahora se trasladaban desde la residencia Reina Sofía –perteneciente al Obispado– y, hasta hace algunos meses, se transportaba en una furgoneta de la ONG sin las condiciones adecuadas. La ayuda de los Vilás ha permitido destinar el dinero que aportaban los ayuntamientos y el Consell para el funcionamiento del comedor a la puesta en marcha de un almacén insular de alimentos «y para conseguir un comedor social adecuado».
El perfil del usuario del comedor es el de un varón, en el 91 por ciento de casos, de entre 40 y 45 años, sin empleo ni recursos económicos, con alojamiento precario en pensiones, infraviviendas, casas abandonadas o cuevas de la isla, según Cáritas. «El 55 por ciento procede de países de la UE, y el resto de Europa del Este y el Magreb», explicó Marí. Cada usuario acude al comedor durante unos dos meses como promedio, aunque la crisis ha hecho aumentar este periodo sobre todo en invierno y primavera, cuando desciende más la demanda de mano de obra.
«En momentos de crisis, cuando estamos viendo el importante número de personas en riesgo de exclusión social, todos tenemos que ayudar a entidades como Cáritas, que dedican su esfuerzo a frenar esa brecha», añadió Vilás. La portavoz del grupo sanitario llamó a sus proveedores, a otras empresas y a las familias de la isla a sumarse a la iniciativa «para mejorar la calidad de vida» de los que peor lo están pasando en la actual coyuntura económica.