IBIZA | E. RODRÍGUEZ
El estudio marino que se realizó el año pasado en la zona donde se van a echar los fangos previstos en el proyecto de ampliación del puerto de Vila recomienda que se amplíe el radio del vertido para evitar que se produzca «un montículo de seis metros» de altura en el fondo. Este informe señala que la acumulación de lodos no debería ir más allá de un radio de 200 metros, que es la zona que actualmente muestra algún grado de alteración como consecuencia de las obras del dique de es Botafoc del año 2001. Sin embargo, dado que «el volumen de material a verter es de 750.000 metros cúbicos» y esto daría lugar a la creación de un montículo de seis metros, «tal vez fuera aconsejable planificar un área de vertido mayor de forma que ese incremento de la cota de fondo no fuera superior a tres metros», según apunta el estudio de Hidtma Ecomar Estudios del Medio Marino.
Para eso, los técnicos señalan que habría que diseñar una zona de vertido de 283 metros de radio, lo que supondría una superficie de 250.000 metros cuadrados. Cabe tener en cuenta que el punto de vertido, situado a una distancia de 23 kilómetros del puerto de Ibiza y a 17 kilómetros del punto más próximo al límite del entorno de protección del Patrimonio de la Humanidad y del Parque Natural de ses Salines y a una profundidad de más de 200 metros, es el mismo que se utilizó para desechar los fangos de las obras de dragado del dique de es Botafoc.
Un portavoz de la Autoridad Portuaria ha asegurado a este periódico que todas las recomendaciones se van a «tener en cuenta» y que cuando se vaya a ejecutar la obra se decidirá «cómo se debe hacer».
Informe de GESA
Hace una semana el Grup d´Estudis de la Naturalesa (GEN) daba a conocer un informe de la dirección general de Pesca del Govern en el que se considera que se deberían «estudiar alternativas al vertido al mar de los productos del dragado del puerto». El GEN defiende que este dictamen es preceptivo en contra del criterio de la Autoridad Portuaria. Este informe explica que la declaración de impacto ambiental del proyecto contempla el dragado de 660.000 metros cúbicos y que, en cambio, la Autoridad Portuaria sólo ha pedido autorización para 480.000 metros cúbicos. El baile de cifras se completa con el estudio marino mencionado, en el que se hace referencia a un volumen de extracción de fangos de 750.000 metros cúbicos.
Para hacerse una idea de la dimensión de la que hablan unos y otros, se puede tener en cuenta que la empresa constructora de la autovía del aeropuerto vertió 650.000 metros cúbicos de tierra de la trinchera en los terrenos de Platja d´en Bossa del Grupo Matutes. El gerente de la constructora aseguró en el juicio celebrado por la demanda interpuesta por la propiedad contra la empresa por negarse ésta a retirar la tierra que de los 650.000 metros cúbicos acumulados, quedaron sobre el terreno 350.000 metros cúbicos, puesto que el resto se reutilizó en las mismas obras.
En 2002, un año después del vertido de los fangos de las obras del dique, la misma empresa hizo un estudio de seguimiento ambiental en el que se constató con inmersiones que éste «no había afectado a los fondos someros de las Pitiusas». El informe de la dirección general de Pesca advierte, no obstante, que en las obras del dique de es Botafoc se tiraron al mar 168.000 metros cúbicos, «volumen muy inferior al previsto en este caso, por lo que los posibles efectos físicos pueden ser muy distintos».
Tampoco se observó la expansión del alga Caulerpa racemosa en los fondos más próximos al vertido, así como en los fondos no susceptibles de tener una afectación directa. Precisamente, los ecologistas han advertido del peligro que puede supone el vertido de los fangos en el mar por la posible expansión de este alga invasora que amenaza a las praderas de Posidonia, declaradas Patrimonio de la Humanidad.
Modificación del sustrato
Para realizar el estudio del año pasado, los técnicos tomaron muestras en seis puntos distintos en un radio de 500 metros coincidiendo con el área de vertido que se estableció en su día. El informe señala que en la zona de vertido se ha modificado el sustrato original, lo cual ha alterado el poblamiento bentónico (la comunidad formada por los organismos que habitan el fondo de los ecosistemas acuáticos). No obstante, el estudio señala que las alteraciones se han ido reduciendo con respecto a 2002 y que no se detectan más allá de un radio de 200 metros.
Por todo ello, el estudio concluye que se puede seguir vertiendo fango en la zona ya afectada controlando exhaustivamente su ejecución con la finalidad de no extender la alteración a áreas colindantes.