IBIZA | MARTA TORRES
Todo eran risas en el primer piso del restaurante del puerto en el que la asociación invitó a comer a las enfermas de cáncer de mama de Ibiza. Cuarenta mujeres con un toque rosa y un regalo del mismo color junto al tenedor. «¿Qué será?», se preguntaban algunas mirando y tocando el caramelo de papel de seda. No tuvieron que esperar mucho. En la mesa del fondo se animaron a abrirlo: un neceser rosa, un colgante para el móvil, un llavero y un grande y suave foulard rosa casi fucsia. Por si alguna se había olvidado de lucir algo de este color. Eran las menos. Alrededor de las cuatro mesas, casi todas llevaban algo o todo en ese tono.
Pero el pañuelo y la comida no eran los únicos regalos que la asociación les había preparado. Una rosa (rosa, por supuesto) les esperaba también un poco más tarde, cuando ya hubieran comenzado a degustar los entrantes. Todas aplauden cuando llega Lali Costa, la presidenta de la delegación de Ibiza, lo que les sirve para un nuevo brindis. Lo mismo con la psicóloga, Beatriz Yusta, a la que todas se apresuran a hacer un hueco en su mesa.
Alrededor de la sala se pueden ver, colgadas, escenas de algunas de las actividades para la lucha contra este cáncer. Mesas informativas, un grupo vestido con las camisetas del lazo de lentejuelas, escuchando con atención una conferencia, recaudando fondos, tumbadas en el suelo riendo… Algunas las miran y señalan algo en las fotografías mientras otras le enseñan contentas su «nuevo pelo» a sus compañeras. «Son fotos que hemos hecho en la asociación y algunas de las afectadas», comenta la presidenta antes de sentarse a la mesa. Lali Costa explica que la comida es algo que la asociación realiza en todo el país. «Es un motivo más para reunirnos todas, juntarnos y animarnos», comenta. Algunas de las mujeres ya lucen en el cuello su nuevo pañuelo. La presidenta destaca que aunque en la comida sean 40, «el número de afectadas por cáncer de mama en las Pitiusas es muchísimo más alto».
La psicóloga escucha con una sonrisa el murmullo creciente de la sala del restaurante. «Están contentas de poder estar aquí. Algunas hace mucho tiempo que no se ven», comenta. Ella misma explica que las afectadas más jóvenes de la asociación tienen «unos 35 años», mientras que las más mayores tienen alrededor de 50. Ella misma acaricia el pelo de las que se lo enseñan. Sabe que aunque a muchos les parezca una tontería, para ellas es importante. «Cuando estás enferma, que tu aspecto físico sea agradable para ti ayuda a que la autoestima no decaiga», comenta.
Beatriz Yusta destaca que en la asociación prácticamente tienen el mismo número de peticiones de enfermos como de familiares, que no saben cómo actuar. «A los enfermos les decimos que pidan ayuda a las personas que puedan ofrecérsela, y que encerrarse en casa, aunque no tengan ganas de hacer nada, no es lo que más les favorece. Tratatamos de organizar actividades para que salgan, se relacionen y se conozcan. Entre ellos es como mejor se pueden ayudar porque alguien que ha pasado por esto como tú es quien mejor te puede entender. Cuando se relacionan y se cuentan sus experiencias ellas mismas se aconsejan y empiezan a cambiar», comenta.
Lali Costa confiesa que está especialmente contenta este año, ya que es el primero en que la campaña se lleva a cabo en Formentera. «Tenemos allí un grupo de mujeres que quieren colaborar. Es algo que llevábamos mucho tiempo intentando. No tenemos sede, pero pueden encontrarnos en la plaza del Ayuntamiento o en el hospital de Formentera», detalla emocionada.