IBIZA | A. P.
Joan Tur Ripoll actual presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Ibiza y Formentera confiesa que este cargo le ha proporcionado «muchos conocimientos» y le ha servido para contactar con numerosas personas, lo que le ha permitido obtener una visión global tanto de la economía, como del mundo empresarial. Fue una persona crucial en el proceso de independencia de Mallorca de la Cámara, aunque lamenta que todavía permanezcan abiertos dos procesos para reclamar «lo que toca a Ibiza».
—¿Hay interés por el proceso electoral que ha abierto la Cámara?
—Espero que sí. Ahora hemos expuesto la lista de electores y después se abrirá el proceso de candidaturas, que deberán ir avaladas por los compañeros de los distintos sectores económicos que componen la Cámara. Cada uno de estos apartados puede presentar hasta dos candidatos, pero si hubiera tres deberían votar los empresarios de su propio sector hasta completar los 22 miembros del pleno, que después elegirán al presidente y comité ejecutivo, además de otros tres que nombran las patronales.
—¿Descarta volver a presidir la Cámara?
—No creo que repita, me están presionando mucho para que lo vuelva a ser, pero no lo creo, ya que entre 22 empresarios habrá alguien interesado. No quiero ni puedo volver a repetir, y deseo que la gente se anime, pero nunca se puede descartar nada.
—¿Hay ánimos entre los empresarios para integrarse en la Cámara y trabajar de forma conjunta?
—Hay mucha ilusión y espero que haya más. La Cámara debe ser un centro de estudios y opinión. Tenemos que luchar en muchos frentes y hay muchos abiertos por lo que en la Cámara, donde están todos los empresarios de las Pitiusas, se puede trabajar intensamente en beneficio de las islas.
—¿Qué aporta la Cámara al nuevo emprendedor?
—La Cámara también hace formación para los nuevos empresarios. La gente que tiene inquietudes empresariales puede recibir formación un poco más práctica que la que ofrecen otras instituciones. La Cámara dedica fondos económicos propios para los cursos y tenemos también un convenio con la sociedad de garantías recíprocas Isba de un millón de euros que permite financiar hasta con 60.000 euros las iniciativas empresariales de los emprendedores.
—¿Hoy en día es necesaria la figura de la Cámara de Comercio?
—Al principio no la creía necesaria, pero como la ley obliga hay que estar en ella. Ahora veo que es posible utilizar todos los recursos posibles para conseguir mejoras desde Ibiza no sólo para los empresarios, sino para la sociedad en ganeral. Se ha llegado a un punto en el que la voz de la Cámara está respaldada de forma unánime por todas las instituciones y sectores empresariales. Lo mejor es que podemos tener esta voz unánime, sobre todo en el exterior, lo que ocurre es que, posiblemente, no se haya sabido divulgar lo suficiente lo que se hace. La principal diferencia con las patronales, es que estas asociaciones son privadas y de libre integración, mientras que la Cámara integra a todos los empresarios de forma obligatoria. Somos un órgano consultivo, pero no vinculante, pero la misión de los responsables políticos es escuchar lo que tenemos que decir, porque representamos a todos los empresarios de las Pitiusas. Todo esto se traduce en una mayor ilusión de los empresarios y se detecta que existe un menor rechazo ante la obligación de pagar la cuota, que es en torno a un 1% sobre los beneficios de los dos años anteriores.
—En este sentido, ¿hay previsiones de ingresar menos dinero ante la posible reducción de las ganancias de los empresarios?
—El Consejo superior de Cámaras ha advertido de que se prevén descensos para los dos próximos años de hasta un 24% en los ingresos de las cámaras, en la pitiusa también, debido precisamente a la caída de beneficios de los empresarios durante esta época de crisis.
—¿Cuánto dinero se invierte en la promoción turística desde la Cámara?
—La finalidad básica es potenciar la exportación, ya que se destina a ello la mayor parte de la recaudación cameral. Incentivamos la exportación de la moda y también del turismo exterior. En los presupuestos actuales, de unos 650.000 euros al año, aunque la cantidad fluctúa, destinamos alrededor de unos 250.000 euros a las acciones que incentiven la exportación, entre las que figura la promoción turística con asistencia a ferias, elaboración de folletos, vídeos o revistas. Se hace de acuerdo con Ibatur y otras instituciones locales y procuramos llevar a cabo una promoción que no se superponga con las que hacen Govern o Consell.
—¿Qué medidas deberían tomarse para salir realmente de la crisis económica?
—Sobre todo incentivar el consumo. Precisamente el aumento del IVA no es lo que anima a la población a consumir más. Otro problema grave que tenemos es que la banca está todavía en el bache, ya que ha habido un cierre radical en la concesión de créditos. Nunca había problemas para las pequeñas pólizas de crédito y ahora cualquier pequeño empresario se encuentra con las puertas cerradas, esto resta rentabilidad y se limita el consumo. A un banco que no se le paga una hipoteca de un piso no sólo deja de ingresar sino que se ve obligado a hacer en el Banco de España una reserva por la misma cantidad de dinero de la hipoteca y esto reduce mucho la capacidad de operación. En Balears no ocurre tanto, pero los bancos no están sólo en las islas. Los bancos no dejan dinero y a la vez se están quedando propiedades inmobiliarias de las personas que dejan de pagar las hipotecas. ¿Qué hacemos, entonces? ¿Venden los pisos a precio de coste y acaban de hundir a los pocos promotores que mantienen a la venta los pisos? Es una situación muy complicada. Los bancos buscan distintas opciones para facilitar a los promotores las ventas de los pisos obtenidos, pero en realidad ahora todo es un follón y se vive una situación muy compleja. Hay que esperar que el dinero de turistas alemanes y británicos pueda dinamizar el consumo entre los distintos sectores. En resumen: para incentivar el consumo lo que hay que hacer es no subir los impuestos. El 18% del IVA general perjudicará a todas las compras.
—¿Cómo se encuentra la construcción en Ibiza?
—Pues mal. Ha bajado un 75% desde hace dos años y no se ve todavía un horizonte claro de recuperación. Estamos muy preocupados por esta situación. Podemos prever inicio de actividad para el próximo año con las obras públicas que deberían iniciarse, pero la iniciativa privada todavía seguirá estancada. Hay un stock de viviendas para vender en Ibiza, pero es menor que en otros puntos como Menorca, Mallorca o la zona del litoral mediterráneo. Cuando la situación iba tan bien muchas empresas grandes de la Península compraron en la isla solares a precios muy altos, lo que hizo que se encarecieran los suelos, previendo el valor añadido de las viviendas construidas más tarde. Hubo una punta que hizo disparar el precio del terreno, aunque esto ha hecho que en algunos casos queden estructuras de edificios detenidas o promociones anuladas. Algunas empresas tienen los solares en venta ahora y otras han conseguido acabar la promoción, por la presión de los bancos, porque hay que tener en cuenta que no quieren pisos, pero menos estructuras inacabadas.
—¿Cuánto ha bajado el precio de la vivienda?
—Ha bajado un poco, en torno a un 5% entre los pisos nuevos, algo menos que en otros puntos de Balears o de la Península. Ha bajado más la vivienda de segunda mano. Los precios también han descendido mucho debido a la necesidad de vender los pisos que tienen los bancos por impagos de hipotecas. Esto ha hecho que acabaran las promociones que se llevaban a cabo antes con el pago anticipado de un 10% del precio del piso. El inversor, por amistad con el promotor por ejemplo, ponía el dinero y al cabo de dos años, cuando el edificio estaba hecho, el valor se duplicaba. Si había invertido 100.000 euros podía vender los pisos después por 200.000 y se ganaba mucho dinero. Esto se frenó con la necesidad de anotar los cambios de propiedad en los registros notariales.
—La típica especulación.
—Eso es. Tal cual. Ahora ya no hay especulación en Ibiza, porque ésta se da cuando hay crecimientos anuales y ahora sólo hay descensos, aparte de que actualmente el suelo está ya bastante limitado y habría que plantearse hacia dónde podemos ir.
—En el supuesto de llegar a los techos de población máximos permitidos en Ibiza ¿iría en detrimento de la calidad de vida de los habitantes de la isla?
—A más gente, más recaudación, esto está claro. Ahora llevamos un retraso en varias infraestructuras, como el puerto o la depuradora. Si sabemos llevar un equilibrio del crecimiento con la mejora y ampliación de las infraestructuras no habrá problemas. La calidad de vida no la marca el hecho de que haya más o menos población, sino que existan buenos servicios públicos, independientemente del número de habitantes. Por otra parte, el suelo de Ibiza está ya muy protegido, a excepción de los núcleos urbanos próximos a Vila. Tenemos una calidad de vida que todos los que nos visitan están convencidos de que es inmejorable y prueba de ello es que muchos se quedan en la isla. Contamos con un paisaje muy protegido con apenas posibilidad de intervención y en definitiva disponemos de una isla muy controlada y no hemos crecido ni la mitad de lo que lo han hecho nuestros vecinos, ni lo queremos. No podemos pretender limitar el número de habitantes a los que somos ahora, porque tendremos que enviar a nuestros hijos fuera. No podemos cerrar las puertas a nadie, y en caso que hacerlo, esta situación nos llevaría a la imposibilidad de seguir comprando pisos, una tradición de Ibiza.