IBIZA | A. F. F.
Un total de 190 personas en riesgo de exclusión social han pasado por el Servicio de Orientación Laboral de la Fundació Deixalles este año en Ibiza, según su gerente, Flor Dell´Agnolo, de las que sólo 31 han pasado a su proceso de capacitación laboral y, de ellas, 14 han logrado un trabajo normalizado, casi la mitad de las que entraron. Algo que se pierde de vista en la isla –Dell´Agnolo admite que quizás por una mala comunicación hacia la sociedad– es que ésta es la única organización que se ocupa de acompañar a las personas que quieren reinsertarse para salir de la exclusión social, después de una primera intervención de Cáritas, que atiende a esas personas a un nivel muy básico, proporcionando las habilidades sociales e higiénicas elementales.
Cuando superan esa primera etapa y buscan seguir su reinserción, se les deriva desde los servicios sociales municipales o la propia Cáritas a la Fundació Deixalles. En este punto del camino a la reinserción coinciden personas con perfiles muy diversos, que van desde víctimas de la violencia de género buscando su autosuficiencia a personas que salen de una adicción prolongada al alcohol o las drogas.
Ésta ofrece varios talleres en los que el usuario se forma en habilidades sociales y laborales: recogida selectiva de enseres, reparación de electrodomésticos, computación y gestión de la nave donde se exhiben las donaciones de objetos de segunda mano. Apoyado por un educador social, que filtra y busca ofertas de trabajo adecuadas a cada caso, una vez superada esa primera fase, el usuario sigue adquiriendo habilidades sociales y se aborda su inserción final en el mercado laboral.
Por el carácter de los usuarios, con dificultades para gestionar o asimilar las reprimendas normalmente, los abandonos aumentarían sin un apoyo que se extiende también a los primeros meses de su nuevo empleo, «para evitar que abandone o que le echen por una mala evaluación», explica Dell´Agnolo, que considera que éste es el principal problema al que se enfrentan estas personas: «Les supera la situación por falta de habilidades sociales y porque se bloquean en seguida». Para evitar que eso suceda, el educador sigue acompañando a cada usuario para suavizar los conflictos que pueda tener o ayudarle a digerirlos, en un proceso que sólo acaba bien una de cada tres veces.