IBIZA | SANDRA DÍAZ
El baloncesto, el fútbol, la natación, el piragüismo, la vela, el buceo o el fitness son algunos de los deportes que están dejando atrás su aspecto más tradicional para adaptarse a las necesidades de personas con algún tipo de discapacidad, que tienen un horizonte abierto en estas actividades que se pueden modificar para que todo el mundo las practique con asiduidad.
«Cualquier práctica deportiva se puede adaptar en función del hándicap de la persona y de la imaginación que tenga el técnico», asegura Ana Rus, técnico en actividades físicas y entrenadora personal de gente con discapacidad: «Las adaptaciones pueden consistir desde poner velcro a un mango hasta hacer sonar una campanita al final de una repetición para las personas invidentes», agrega. Con estas modificaciones, el deporte rompe las barreras de accesibilidad para las personas con minusvalías motoras, intelectuales o sensoriales.
Rus, que tiene un máster en deporte adaptado y natación terapéutica, trabaja entrenando diariamente en un gimnasio a varias personas como Iván, que practica fitness pese a que padece una afección en el sistema nervioso por la que se encuentra limitado físicamente. La entrenadora personal escogió este local porque tiene rampa de acceso para minusválidos y máquinas de última generación de fácil manejo y con medidas de seguridad. Además, las instalaciones cuentan con una gran zona al aire libre y están situadas frente a la playa, por lo que se pueden hacer actividades acuáticas, como natación terapéutica o navegación en piragua.
Los beneficios del deporte adaptado se dejan notar a corto plazo. La práctica deportiva ayuda en un principio a abstraerse de los inconvenientes que plantean las barreras sociales a las personas con ciertas limitaciones y a darles seguridad en sí mismas. Más adelante, estas personas experimentan una mejoría en sus capacidades físicas, incluso sin darse cuenta. «Yo entrenaba a una persona con una tetraparexia que sólo podía mover un brazo.
Empezó a jugar al ping-pong y, al cabo de un año, había ejercitado tanto los oblicuos que articulaba la cintura», asegura Rus. Por otro lado, los beneficios pueden consistir en mantener la calidad de vida de las personas que tienen enfermedades degenerativas y que, generalmente, pierden masa muscular.
Deporte ´indoor´
«Tenemos que fomentar el deporte indoor puesto que el invierno es también una época muy buena para practicar. El único problema es que en Ibiza no hay un sitio que se dedique en exclusiva a esto», dice Ana Rus, que explica que «hay gente limitada que son satélites, deambulan por otras ciudades porque aquí no encuentran lugares adecuados». Pese a ello, en Ibiza se pueden practicar todo tipo de deportes exclusivos para discapacidades extremas como la boccia para tetrapléjicos, que consiste en deslizar una pelota por un tobogán moviéndola con el mentón.
Las actividades veraniegas para personas con minusvalía como las que organiza Un Mar de Posibilidades, proyecto del Club Náutico de Ibiza dirigido por Pedro Cárceles y en el que participa Ana Rus (ver página 17), son el único referente de las personas que pertenecen a asociaciones de discapacitados. Sin embargo, el deporte de interior se puede practicar durante todo el año aunque, al no contar con subvenciones como las prácticas estivales, resulta más caro ya que hay que contratar un técnico que se dedique especialmente a la persona con alguna discapacidad. A esto hay que sumar el coste del material especial que se necesita.
Aun así, el deporte adaptado en invierno es una posibilidad real. Ya están en marcha proyectos de pilates para invidentes de la ONCE y de pilates terapéutico, ambos organizados por Ana Rus, quien reconoce que «Ibiza está empezando ahora a adaptarse, y a derruir barreras: un turismo adaptado es posible».
Actividades asistidas
El deporte adaptado indoor se puede practicar en Ibiza con un técnico contratado ya que, por el momento, no existe ningún centro que esté dedicado especialmente a las personas con discapacidad.