IBIZA | RAÚL SÁNCHEZ DE VEGA
No es como en las películas. Ni como en las subastas que salen por televisión. El domingo en Las Dalias sólo hubo una puja: 170 euros. Alguien levantó la mano y ofreció 150 euros por un óleo de flores del año 1940 que finalmente se vendió por 20 euros más. Sin embargo, las dos obras de Dalí y el dibujo de la familia de Sorolla se quedaron sin comprador, como la mayoría de las 80 piezas de la subasta.
Luis Muñoz es el máximo responsable de que las subastas vuelvan a la isla. Tras una retirada temporal de cinco años, una veintena de aficionados al arte y a las antigüedades se reunieron sobre las siete y media de la tarde en una sala de Las Dalias. Lo mejor, el escenario, como coincidieron en señalar la mayor parte de los asistentes. Una sala muy bonita, con una altura de unos seis metros y ocho focos iluminando las obras fueron el lugar ideal para la subasta. Lástima que apenas se vendieran obras.
El ritmo de la subasta fue vertiginoso
Muñoz fue el maestro de ceremonias. Con el mazo en la mano iba pasando de lote en lote, hasta completar las 80 piezas que salieron a la venta. Sólo se vendieron siete. «Qué bonito es el escenario, pero Luis va muy rápido», comentaba una mujer sentada entre el público. Y tanto. El ritmo de la subasta fue vertiginoso y en apenas 40 minutos la sala de Las Dalias quedó de nuevo vacía. «No nos preocupa que no se haya vendido mucho en la subasta porque la gente ha venido antes y más vendrán mañana y entonces es cuando se cierran los tratos», comentó Muñoz al finalizar la subasta, con el mazo de madera todavía en la mano.
«Me ha gustado y por eso he decidido comprarlo», explicaba la pintora madrileña Carmen García, una habitual de la isla, que se llevó un lienzo del año 1920 con temática de pescadores en Normadía por 250 euros, su precio de salida. «El mejor cuadro de la subasta es La Damita de los años 20, pero no lo compro porque ya tengo muchos», añadió.
Theo, un británico que regenta desde hace años una casa de subastas en Santa Gertrudis, «más modesta que la de Las Dalias», según sus propias palabras, alabó lo bonito del escenario, pero no compró nada. Marcos Xhannon estaba interesado en las obras de Dalí: un dibujo y un grabado con la autentificación notarial adjunta. Sin embargo, la subasta quedó desierta.
Julio Muñoz, coorganizador, destacaba antes de la subasta la calidad de El Marquesito de Cantalapaya, un lienzo anónimo del siglo XVIII que salía en 600 euros pero por el que nadie pujó. En la subasta todos se conocían, ya que la mayoría de los asistentes eran pintores o artistas que residen en la isla, como José Ignacio Navarro, un burgalés que se dedica a la compraventa de antigüedades.
El lote de «objetos curiosos», como denominó Muñoz a los 38 muebles y cosas varias que salieron a subasta, quedó desierto. No importa, nadie parecía preocupado. Lo más importante es que las subastas vuelven a Ibiza y que el escenario de Las Dalias acogerá otra en el mes de diciembre, según anticipó Muñoz.