IBIZA | LAURA RIERA
Yaiza Pulido (Sant Josep, 1989) pertenece a las Fuerzas Armadas desde octubre de 2007. Cuenta que desde siempre ha querido ser militar. Al cumplir los 18 años su sueño se convierte en realidad. «A la semana siguiente de mi cumpleaños les dije a mis padres que quería pertenecer al Ejército», recuerda Yaiza. «Desde siempre me ha llamado la atención. Decidí entrar para saber lo que era», explica esta ibicenca.
Pocos días después de decirle a sus padres que quiere ser militar inicia el procedimiento habitual para ingresar en el Ejército. Para alcanzar su objetivo, se desplaza al Centro de Selección de Palma para realizar las pruebas, que supera sin ningún problema. Su primer destino es Cáceres, provincia en la que jura bandera. Allí firma por dos años. Después la destinan a Huesca, a Jaca, para formar parte de la unidad de Esquiadores Escaladores de Montaña.
En la familia de Yaiza no hay nadie que se dedique a este oficio. No es de extrañar que los padres se sorprendieran cuando ella les comunicó sus intenciones. «Cuando ella nos dijo que quería irse al Ejército nos asustamos. Mi mujer se lo tomó fatal», reconoce Manuel Pulido, su padre. «Durante sus primeros meses en las Fuerzas Armadas la intentamos convencer para que regresara a Ibiza y le propusimos que intentara entrar en la Guardia Civil o en la Policía, pero no quiso», cuenta. «Pero bueno, si ella es feliz nosotros también. Cuando la vemos comprobamos que está muy ilusionada. Allí siempre está haciendo maniobras. No para quieta», añade.
Uno de sus objetivos es ir a una misión de paz. Ha estado a punto de conseguirlo. Una lesión en el menisco que se hizo en las últimas maniobras le ha impedido acompañar a Afganistán a su compañía de Jaca, que partió la semana pasada. No obstante, es probable que si se recupera parta en diciembre con otra compañía, que será la que relevará a la del cabo Cristo Ancor Cabello Santana, fallecido el miércoles pasado debido a la explosión de una mina de los insurgentes talibán, y al que Yaiza conocía. «No puedo ir con la tropa a Afganistán. Estoy en rehabilitación porque tengo mal la rodilla. A ver si me recupero pronto», cuenta la joven por teléfono en uno de los escasos momentos que tiene libre. «Justo estoy de camino al cuartel», indica.
Un soldado de Sant Antoni
El ingreso de Daniel García (Sant Antoni, 1983) en las Fuerzas Armadas no responde a una vocación como la de Yaiza, sino que han sido sus circunstancias laborales y personales las que le han llevado por este camino. Ingresó en el Ejército a mediados de marzo de este año. Después de seis meses como soldado, asegura que es una de las mejores decisiones que ha tomado en su vida. «En el mes febrero de este año me interesé por las Fuerzas Armadas porque no tenía trabajo. Me pareció una buena opción para ganarme la vida y, de paso, salir de la isla», cuenta García. «Además, antes de concertar cita para realizar las pruebas, visité la página web de las Fuerzas Armadas y vi los vídeos que hay colgados. Me llamaron mucho la atención. De hecho, sirvieron para convencerme», explica.
A la semana de realizar las pruebas, le llamaron desde el Centro de Reclutamiento de Palma para comunicarle que había sido seleccionado y que el destino que le había tocado era Valladolid. «La fase de formación es la más dura, pero vale la pena», comenta. «Después de los tres meses de formación básica y específica ya te conviertes en soldado profesional», señala García, que desde el 21 de julio se encuentra en la Brigada de Caballería Castillejos II, en Zaragoza. «Aquí me encargo de supervisar los carros de combate», explica. Su objetivo es permanecer en el ejército cinco años para poder ser cabo o sargento. «También me gustaría participar en alguna misión de paz, pero por ahora es difícil que me seleccionen porque he entrado hace muy poco», lamenta.