IBIZA | FERNANDO DE LAMA/C. C.
Sólo dos días después de que finalizaran las lluvias de septiembre las trampas que la conselleria de Medio Ambiente tiene instaladas en las zonas húmedas para controlar la población de mosquitos detectaron que su número se había multiplicado por siete. «Se han dado las peores condiciones posibles –explicaba ayer el técnico medioambiental del Consell Jaume Estarellas–, mucha lluvia, amplias zonas inundadas y una fuerte subida de las temperaturas. En pocos días la curva de la estadística de presencia de mosquitos se disparó y es algo casi incontrolable».
Medio Ambiente actuó rápidamente y se doblaron los efectivos del servicio de control de mosquitos para llevar a cabo labores de fumigación, aunque los efectos, como han podido comprobar buena parte de los ibicencos, han sido limitados.
Los trabajos se están desarrollando fundamentalmente en dos zonas: ses Feixes y el Pla de Vila y el Parque Natural de ses Salines y Platja d´en Bossa, aunque también se actúa en otras como los torrentes, la desembocadura del río de Santa Eulària y las balsas de las depuradoras.
Normalmente, para este control biológico se actúa sólo sobre las larvas, con un larvicida en líquido que se está distribuyendo en las zonas inundadas con una camioneta equipada con una manguera de cien metros que permite liberarlo en grandes extensiones. Pero dada la magnitud de la plaga, se está actuando también con un insecticida para eliminar a los ejemplares adultos. Éste se airea con un tractor equipado con unas tuberas que lo lanzan al aire con un excipiente en polvo para que se deposite y se expanda.
La empresa Tragsa, contratada por el Consell para estas campañas, ha retirado a sus operarios de trabajos menos urgentes para dedicarlos a la fumigación. «Nos han llegado muchas quejas y con razón, porque ha sido algo generalizado –asegura Estarellas–, pero hay que tener en cuenta que sólo en ses Salines cayeron 140 litros por metro cuadrado en un día y medio, se inundó toda la zona de los estanques, de sa Sal Rossa y hasta la carretera del aeropuerto. Luego salió el sol. Para controlar eso tendríamos que fumigar con avionetas, pero ya estamos en el límite, no se puede hacer más porque afectaría a otros invertebrados».
Desde Medio Ambiente esperan que las labores desarrolladas y la bajada de temperaturas que se espera en los próximos días sirvan para controlar la plaga. «Cuando las máximas descienden de los 23 grados –explica el biólogo– la proporción de huevos que pasan a estado larvario se reduce considerablemente y confiamos en que eso sea suficiente».
En Formentera continúan las labores de fumigación semanales y el problema se centra en las numerosas balsas de agua dulce originadas por las lluvias. La plaga afecta a algunos puntos de la isla, como la zona de Migjorn.
Por otra parte, los ayuntamientos confirmaron ayer que han recibido quejas de vecinos y que las han trasladado al Consell, que es el que tiene las competencias en la materia. El técnico de Sant Antoni Diego Ponce afirmó que también las han recibido por la proliferación de roedores y cucarachas en la zona del torrente de es Regueró: «Es normal, se ha inundado y los bichos que viven ahí se han quedado sin casa y han salido. Hemos trasladado las quejas a Recursos Hídricos, que es quien tiene la competencia».
Ventas en las farmacias
Quienes también han sentido los efectos de la plaga han sido los farmacéuticos: «En las últimas semanas se han multiplicado las ventas de productos para aliviar el picor, como pomadas, y de repelentes de mosquitos», explicaba ayer el responsable de la farmacia Mas Bufí de Ibiza Nueva, junto a ses Feixes. El producto más popular, el lápiz de amoniaco, se ha agotado en toda la isla y no se está distribuyendo, y tampoco se pueden encontrar algunas marcas de repelentes.
Altas temperaturas
Las altas temperaturas tras las lluvias han disparado la población de mosquitos. Se espera un descenso de diez grados en los próximos días.
Fumigación
Las labores de fumigación se han doblado con larvicidas e insecticidas en las zonas inundadas.
Roedores y cucarachas
Los roedores y las cucarachas han proliferado en zonas cercanas a los torrentes al inundarse su hábitat.