IBIZA | R. S.
La juez Clara Ramírez, titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Ibiza, absolvió ayer a un hombre que conducía supuestamente bajo los efectos del alcohol porque el etilómetro con el que le hizo el control de alcoholemia la Guardia Civil estaba caducado.
El acusado reconoció que el 25 de septiembre fue a cenar sobre las diez de la noche a un restaurante de Sant Rafel. Acompañó la torrada con «dos cervezas y dos combinados», según reconoció en el juicio celebrado ayer. Cuando se iba a casa, sobre las dos de la madrugada, la Guardia Civil le dio el alto en un control preventivo montado a la entrada de Sant Rafel.
«Fue muy educado y hablaba con claridad pero tenía los ojos brillantes y olía a alcohol», explicaron los dos guardias civiles que hicieron el control de alcoholemia. El etilómetro que los agentes tenían en el interior de la furgoneta del Instituto Armado marcó 0,73, por encima del límite penal permitido. Por este motivo la fiscal solicitaba ayer la retirada del carné durante año y medio, una multa de 1.080 euros (seis meses con una cuota diaria de seis euros) y 33 días de trabajos comunitarios.
La investigación de la abogada
Sin embargo, la abogada defensora del acusado, Alicia Hernando, investigó a fondo el atestado de la Guardia Civil. La licencia del etilómetro fue expedida en diciembre de 2008 pero el aparato fue calibrado en mayo. La caducidad de los etilómetros es de un año desde la fecha de calibración. No obstante, la letrada recuerda que ese día la Benemérita realizó más controles, y que los demás etilómetros tenían menos de un año de antigüedad.
Ante la irrefutabilidad de la prueba la representante del Ministerio Público pidió una sentencia «ajustada a derecho» y la juez Ramírez dictó sentencia in voce y absolvió al acusado.