IBIZA | JOAN LLUÍS FERRER
La autovía del aeropuerto, una de las obras públicas más caras de todo Balears, tiene que cortarse a la circulación cuando hay fuertes lluvias porque se inunda. Como demostración elocuente de la veracidad de las críticas y denuncias que se formularon desde el mismo momento de su diseño, la nueva carretera está siendo fuente de innumerables problemas y serán necesarias elevadas inversiones para reparar una obra que el actual Govern considera «mal planificada y que se ejecutó con prisas para terminarla para las elecciones».
La conselleria de Obras Públicas que dirigía Mabel Cabrer (PP), autorizó la entrada en funcionamiento de la autovía sin que ésta contara con drenajes para evacuar el agua de lluvia y, además, con un informe desfavorable de la dirección general de Recursos Hídricos del mismo Govern de Jaume Matas.
Como consecuencia de ello, el agua de lluvia que se acumula con ocasión de tormentas intensas no es evacuada al exterior –sólo una parte mediante un ´apaño´ a través del desagüe municipal que pasa por allí– y el circuito se colapsa, desbordándose e inundando la trinchera, es decir, el tramo excavado bajo la superficie.
Todo empieza con una gran precipitación, como las que se producen todos los años en otoño e invierno. El agua de escorrentía se desliza por el terreno, desde las montañas de sa Carroca hasta Sant Jordi.
Al llegar al margen de la autovía, el agua se encauza por un canal lateral que conduce a un sumidero, por donde penetra el caudal. Desde allí, el agua sigue su camino hacia unas tuberías que atraviesan la calzada de la trinchera por debajo y, ya al otro lado de la carretera, conectan con la gran balsa destinada a acumular ese agua de lluvia.
El problema reside en que esa balsa no tiene una salida para desalojar su contenido, por lo que, una vez llena, todo el circuito queda colapsado. De este modo, el sumidero por el que penetraba el agua deja de cumplir su función, totalmente desbordado. Así, el caudal se precipita directamente al interior de la trinchera, convirtiéndola en un inmenso lago.
El único sistema mediante el que se puede sacar el volumen de agua recogido en dicha balsa es a través de un empalme con el desagüe que el Ayuntamiento de Sant Josep tiene en esa zona, y que se dirige a Platja d´en Bossa, siguiendo el camino de sa Gamba Roja.
Unas bombas instaladas en la balsa conducen el agua hacia ese desagüe que, sin embargo, lejos de solucionar el problema lo complica todavía más, porque su capacidad es insuficiente y, por ello, termina inundando la zona turística de la playa. Por esta razón, según reconoce el Govern, los técnicos se ven obligados a dejar de usar las bombas para evitar tener dos problemas en vez de uno sólo.
Además, la capacidad de la balsa donde se acumula el agua es pequeña. En concreto puede almacenar unos 4.000 metros cúbicos, y los técnicos de la conselleria de Obras Públicas calculan que, como mínimo, haría falta ampliar esa capacidad hasta el doble. Sin embargo, deberán realizarse prospecciones arqueológicas, puesto que en dicho lugar abundan los yacimientos.
Esta ampliación permitiría hacer frente a una lluvia del doble de intensidad de la que ha caído en los últimos días, es decir, debería poder hacer frente a 180 litros por metro cuadrado en 24 horas, cuando ahora ha llovido 90 litros. El director general de Carreteras, Antoni Armengol, advierte de que «con 45 ó 60 litros ya empezamos a tener problemas con el sistema actual».
En todo caso, eso son «soluciones provisionales», según el Govern, puesto que el verdadero problema radica en que «no hay drenajes».
El PP y los anteriores responsables del Govern repiten sin cesar que el proyecto original sí incluía sistemas de drenaje, y que el problema consiste en que el nuevo Ejecutivo autónomo no las ha ejecutado. Pero los planos del proyecto de la autovía que aprobó la conselleria de Mabel Cabrer ponen de manifiesto que las dos tuberías de drenaje previstas –en lenguaje técnico, la OD-2 y la OD-3– desembocaban en lugares totalmente inadecuados.
La tubería OD-2 terminaba abruptamente sobre la playa, a sólo diez metros el restaurante Nassau de Platja den Bossa, lo que habría ocasionado, según recalca Armengol, inundaciones en este lugar, además de afectar a las dunas que aún existen allí.
El otro drenaje, el OD-3, iba a lanzar las aguas pluviales en la finca rústica de un particular, que rápidamente interpuso una denuncia ante los tribunales. Ninguna de las dos tuberías, por tanto, llegaba al mar. «En estas condiciones, decir que eso era la solución es absurdo, porque evidentemente no se trata de ninguna solución», señalan al unísono el director general de Carreteras y uno de los ingenieros de su departamento, el mismo ingeniero, por cierto, que participó en el diseño del proyecto de la autovía en la época del PP.
¿Qué piensa hacer, ante esta situación, el Govern de Francesc Antich? «La situación es enormemente complicada», señalan los ingenieros y los políticos de Obras Públicas, puesto que el problema no sólo se resolverá prolongando las tuberías proyectadas hasta el mar, con un emisario.
El primer intento de la nueva Administración para terminar esas conducciones topó con un gran número de informes desfavorables de las instituciones implicadas, especialmente desde el área de Medio Ambiente, que alertan del peligro que para el Parque Natural de ses Salines puede suponer esta obra, tanto en su tramo terrestre como los vertidos sobre las praderas de posidonia.
Esta planta es sensible a las aguas de lluvia procedentes de carreteras en las que se acumulan sustancias tóxicas por la circulación de coches. El drenaje más complicado es el OD-2, que es el que pasa por la zona de sa Sal Rossa, mientras que el OD-3, que desembocaría entre es Viver y Platja d´en Bossa no plantea tanto problema y está previsto que el proyecto pueda obtener el visto bueno de la Comisión Balear de Medio Ambiente en un mes.
En cuanto a la de sa Sal Rossa, la conselleria ha optado por exponer al público dos posibilidades diferentes para luego elegir la más viable, pero aún han de salir a exposición pública y su tramitación lleva un mayor retraso.
En definitiva, la imprevisión de la anterior conselleria de Mabel Cabrer y las complicaciones ambientales ahora detectadas impedirán, como ha admitido el titular de Obras Públicas de Antich, que durante esta legislatura puedan entrar en funcionamiento los drenajes que debía haber tenido la autovía desde el primer día.
El desagüe municipal inunda la zona de Platja d´en Bossa
El desagüe municipal al que se ha conectado la trinchera para desalojar el agua termina saturado enseguida y se desborda en una zona turística de Platja d´en Bossa. Por ello, se tiene que dejar de usar al poco rato y la inundación de la trinchera queda sin ninguna solución.
Buscando soluciones para hacer los drenajes pendientes
El Govern está tramitando los proyectos de los drenajes, pero al menos uno de ellos, el más cercano a sa Sal Rossa, en el Parque Natural, resulta complicado por la falta de garantías medioambientales en la protección de la posidonia y otros elementos naturales.