IBIZA | EVA MARTÍNEZ ARREDONDO
A pesar de la constante amenaza de lluvia durante toda la mañana sobre el cielo de Sant Miquel, los vecinos de este pueblo llevaron a cabo ayer con entusiasmo las actividades programadas con motivo de las fiestas locales, que comenzaron el pasado jueves.
El repique de las campanas reunió tanto a residentes de la zona como a turistas en la plaza de la iglesia, lugar elegido para los actos. A ritmo de música ibicenca, con tambor y castañuelas, a las 12 horas la gente entró en el templo donde se celebró una misa oficiada por Vicente Juan Segura, obispo de Ibiza.
A esta ceremonia religiosa le siguió una procesión donde se mostraron seis imágenes, entre ellas la de Sant Miquel, que recorrieron las principales calles del pueblo. Esta procesión estuvo encabezada por los componentes de la Colla de Balansat, que más tarde actuaron, además de las autoridades religiosas y representantes municipales, como Antoni Marí, alcalde de Sant Joan, José Sala, alcalde de Sant Antoni, y José Torres, concejal de Turismo.
Baile payés y dulces
«Nosotras esperamos aquí sentadas los buñuelos y las orelletes», comentaron unas vecinas de Sant Miquel, que debido a su edad esperaron el regreso de la procesión sentadas en la plaza de la iglesia.
Con la llegada de las imágenes al templo, tuvo lugar el momento más esperado de la mañana, con el comienzo de baile tradicional a cargo de la Colla de Balansat en la plaza de la iglesia.
El espectáculo se desarrolló en un ambiente muy acogedor, donde los asistentes formaron un circulo y los bailarines de este grupo actuaron en su seno a modo de escenario improvisado. Personas de distintas edades conforman esta colla, que tuvo su mayor ovación con la actuación de los más pequeños. «Debido a la lluvia bailan de paisano», comentó Joan Monserrat, residente de la zona. Ya que durante la jornada el tiempo estuvo algo revuelto y por miedo a dañar la indumentaria típica de estas ocasiones, los bailarines llevaron ropa de calle. «Es una pena que no pueden llevar los trajes payeses, son preciosos, pero también muy caros, sobre todo los complementos y si llueven se podrían estropear», lamentaba una residente de Sant Miquel.
Mientras la Colla de Balansat continuaba animando a sus vecinos con su música y baile, se repartieron dulces. En un instante la plaza se llenó de bandejas de orelletes y buñuelos que endulzaron tanto a niños como adultos; además, se ofreció vino y botellines de agua a los asistentes, todo a cargo del Ayuntamiento de Sant Joan.
«Estas fiestas son muy bonitas y enseñan la cultura popular de Ibiza», añadió una turista francesa. Entre palmas y risas transcurrió la mañana en la plaza de Sant Miquel hasta las dos del mediodía, cuando finalizó la actuación de baile payés. Se acercó la hora del almuerzo y la gente abandonó la plaza: «Hoy es un día especial y hay que celebrarlo con una comida fuera de casa», comentó una familia del pueblo.